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Nota: Yo como una mongólica dizque cuando lleguemos a los 200 seguidores haré un especial publicando un capitulo de todas las historias y ya llegamos.  Originalmente iba a hacer mas largo, pero decidí acortarlo, por lo que de ESTA historia tendrán más de un capitulo pronto. No se emocionen.

Rhaenyra apretó las mantas entre sus dedos. Su cuerpo seguía temblando por la intensa follada que le había dado Aemond. No entendía por qué su cuerpo la traicionaba así, se sentía como una virgencita en sus primeras experiencias. Miro de reojo a Aemond terminando de vestirse, guardo su espada, dándole una mirada lasciva, ella de encogió, temerosa. No sabía cuánto iba a soportar mas, necesitaba ayuda, que alguien la salvará. Escucho el rugido de Vhagar emprendiendo vuelo, pero siguió sin levantarse, permaneció quieta, inmóvil, desnuda y abusada, ¿de qué servía levantarse? ¿Intentar luchar? No, no valía la pena, no cuando su cuerpo rogaba por Aemond.

Escucho un sonido. Pisadas. Apretó la sábana, todavía sentía el semen saliendo de su coño, sin duda Aemond iba a embarazarla y eso la asustaba, todos sus niños le fueron arrebatados de los brazos, dolía tanto que hubiera preferido morir antes de sufrir aquél tormento, todavía lo prefería, pero la asustaba la mera idea de volver a quedar embarazada. Las pisadas sonaron cerca, tembló, ¿Por qué Aemond habría vuelto? Levantó lentamente la cabeza cuando la puerta se abrió y se quedó petrificada al verlo.

—¿Daeron?—pregunto con sorpresa.

Daeron abrió los ojos de par en par al ver lo que tenía delante. Había esperado ver a su orgullosa y altiva hermana, pero lo que encontró fue una mujer vulnerable y aturdida. Las marcas en su cuerpo, el fluido entre sus piernas, todo era demasiado para procesarlo. Sintió un nudo en el estómago al comprender la magnitud de su exposición. Apenas podía apartar la mirada de ella, incluso mientras su mente daba vueltas en las implicaciones. Dio un paso al frente; sus botas resonaron en el suelo de piedra. Tragó saliva con dificultad, con la boca repentinamente seca. Le habían ordenado traerla, hacerla afrontar las consecuencias de sus actos, pero verla así... estaba despertando emociones que no sabía cómo controlar. Levantando una mano temblorosa, la extendió como para tocarla, pero luego se apartó, inseguro. El corazón le latía con fuerza en el pecho mientras luchaba por encontrar la voz.

—Rhaenyra...— logró decir, su voz apenas por encima de un susurro—¿Qué... qué ha pasado aquí?—no podía apartar la mirada de las marcas en su piel, de la forma en que su cuerpo temblaba.

—Daeron...—repitió anonadada. Se cubrió con las manos, avergonzada—no me mires.

Daeron se estremeció ante sus palabras, alzando la mirada para encontrarse con la de ella. Sintió una punzada de culpa, como si de alguna manera hubiera invadido su privacidad, a pesar de las circunstancias. Retrocedió un paso, dándole espacio.

—Lo... lo siento—, murmuró con voz suave y gentil. Sabía que no tenía derecho a estar en sus aposentos, a verla en ese estado, pero no podía apartar la mirada.

—No pretendía escandalizarte—sus ojos se posaron en su rostro, captando las señales de angustia. Volvió a extender la mano, esta vez con más vacilación, como para ofrecerle consuelo—¿Estás... estás bien?—preguntó, frunciendo el ceño con preocupación—¿Te hizo daño Aemond?—incluso mientras la pregunta salía de sus labios, Daeron supo que era un error. No debería mostrar empatía, no por su enemiga. Pero verla así, vulnerable y asustada, despertaba sentimientos que no podía ignorar.

Rhaenyra se mordió los labios, no sabía qué decir, ¿qué podía hacer? ¿Decir que la habían usado? No, no iba a permitir que la humillaran. Como pudo se puso de pie y busco la bata de seda, uno de los tantos "regalos" que Aemond le había dado durante su cautiverio, se la puso, cubriendo sus curvas bajo la tela y miro a Daeron.

La Reina VerdeDonde viven las historias. Descúbrelo ahora