Aemond enterró sus dientes en la piel de sus dedos, mirando nerviosamente la cama frente a él. Se quitó el parche de su ojo y pasó las manos por su cabellera, mirando fijamente al cuerpo inerte entre las sábanas. Los maestres caminaban por todos lados y en todas las direcciones, limpiando sangre, colocando hielo y hierbas, suturando e intentando acomodar las partes de su hermana en su cuerpo. El príncipe tuerto no pudo evitar maldecir y lanzar su parche al suelo, soltó un bufido y lanzó una jarra llena de vino hacia la pared. Se dejó caer en la silla, su único ojo centrado en el pecho de su hermana: subía débilmente y bajaba. Seguía viva. A duras penas pero seguía viva. No se enteró del castigo hasta que ya era demasiado tarde, cuando escucho que su borracho hermano llevo a Rhaenyra a Pozo dragón pensó que se la daría de cenar a Sunfyre o intentaría asustarla con él, corrió tan rápido como pudo pero al llegar solo encontró el cuerpo de su hermana atado a un poste, completamente destrozado. Desnuda, su cuerpo lleno de sangre. Aegon murmuraba incongruencias y los guardianes fueron los que le informaron lo que había pasado: el rey verde había ordenado que un dragón la violara como castigo. Aemond la soltó del poste y llevo su destrozado cuerpo hasta el castillo. Su ojo siguió los movimientos de los maestres, asegurándose de que la estuvieran tratando bien, a un estaba lleno de la sangre de su hermana, pero no le importaba, no podía dejar de pensar que, nuevamente, Aegon tomaba lo que debía ser suyo: la había marcado, de una forma horrible pero la había marcado, algo que Aemond deseaba hacer. Los maestres se fueron y ella siguió dormida, era increíble cómo llena de heridas seguía siendo tan irresistible.
Pasaron horas, casi un día, pero Aemond permaneció a su lado, fijo como un buitre a la espera de la muerte de un animal agonizante para devorar su carne. La destrozada reina jadeó, sus ojos se abrieron débilmente pero los cerró por el dolor.
—Ah...—sus labios agrietados y rotos a penas se abrieron para emitir un leve quejido, le dolía incluso respirar, sentía como si tuviera fuego debajo de la piel en lugar de carne y sangre—¿Qué...pasó...? Ayuda...dioses...dioses—se encogió llorando débilmente, a penas podía moverse, Shyrkos hizo un buen trabajo al romperle la cadera mientras la follaba.
Aemond se levantó de la silla y le acerco una copa de agua a la boca de Rhaenyra, mientras pasaba su mano por su mejilla, a un sentía la piel fría de la sangre que perdió pero a su vez se sentía ardiendo, era extraño, su rostro estaba helado, tan frío como las entrañas de Invernalia, pero su cuerpo, de sus pecho, sus tetas y hasta sus muslos estaba ardiendo, tan caliente que Aemond se sorprendió que siguiera viva. Era como si se estuviera quemando de adentro hacia afuera.
Sus labios carnosos estaban agrietados, llenos de cortes y sus ojos tan hinchados que a penas podía mantenerlos abiertos, el agua se coló en sus heridas y la hizo estremecer, el ardor provoco que violentos espasmos la hicieran gritar en agonía, el tuerto soltó la copa y la sujeto con firmeza, intentando menguar su dolor, finalmente Rhaenyra dejo de convulsionar, tenía los ojos en blanco, gruesas lagrimas saliendo de sus ojos y su bella boca llena de espuma caliente que humeaba al salir de sus labios, Aemond se inclinó, ella jadeo apartando débilmente el rostro.
—Aemond...—escucharla así lo hizo sentir de una manera extraña, era su voz, esa voz coqueta, traviesa y capaz de hacerlo sentir como una mierda, pero ese tono...era como si le hubieran metido hierro fundido en la garganta: agónico, su voz sonaba agónica.
Se mordió el labio por la desespero que sintió al verla así, pero quería escuchar su voz de nuevo, quería escucharla hablar como solía hacerlo antes, con su voz suave y cautivante, quería verla abrir sus ojos y forzarla a mirarlo como antes... así que se acercó un poco mas, y le acaricio la mejilla
—¿Qué... pasó?—volvió a preguntar, el tuerto no supo si estaba así por las hierbas o por el dolor. Vio como las palmas de sus manos apretaron las sábanas con fuerza y trato de calmarla—No hables, debes descansar—murmuró con un tono mas suave que de costumbre, pasando su otra mano por su cabello Vio como un par de lagrimas rodaban por sus mejillas, su voz que siempre fue tan suave y agradable a su oido, ahora le sonaba como un chillido desagradable a la que ahora se le sumaban pequeños gemidos de dolor—Está bien, ya paso—murmuró, secando las lagrimas con sus pulgares y volviendo a pasar su mano por el cabello de Rhaenyra, tratando de detener los temblores que la llenaban.
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La Reina Verde
FanfictionRhaenyra xAegon/Aemond/Daeron/Jaehaerys El rey Aegon II Targaryen considera apropiado que Rhaenyra le dé aquello que le ha arrebato, es por eso que cuando Maelor muere por culpa de Daemon, el rey verde considera justo que ella le devuelva el hijo q...
