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La reina Alicent había visto suficientes veces desnuda a la reina Rhaenyra como para saber que ese cuerpo deforme y calcinado no era suyo. La había visto tal y como los dioses la trajeron al mundo mas veces de las que su orgullo le permitiría admitir, pero las suficientes como para poder saberlo con certeza.

Para cualquiera sería imposible siquiera determinar que esa masa de carne deformada siquiera era humana por lo que cualquiera simplemente lo aceptaría, pero para ella no, recordaba bien cada curva jugosa, cada centímetro de piel, cada peca, cada cabello, todo en ella estaba grabado a fuego en su memoria. Hay cosas que se heredan, gustos que van de generación en generación, su difunto esposo el rey Viserys no fue la excepción y eso le dio tanto placer como dolor en partes iguales, por ello trataba del olvidarlo. Hizo una mueca al ver a su hijo: Aegon estaba pálido cual fantasma y se mordía los dedos en pánico, ya la carne le había desaparecido de algunos de sus dedos, temblaba, con los ojos demasiado abiertos mientras intentaba procesar lo que sus ojos veían y lo que significaba aquello. La reina madre puso los ojos en blanco, ni siquiera actuó de esa forma cuando Maelor fue cruelmente asesinado, reacciono con furia, sí, pero no dejaba de repetir que era un insulto a su nombre, se sentía insultado, profanado, no lo sentía por el niño, en cambio por Rhaenyra, por su enemiga temblaba incapaz de emular palabra, con los ojos fijos en el cuerpo carbonizado.

Alicent arrugó el ceño, conocía suficientemente bien a esa niña caprichosa como para saber que jamás moriría así, de una forma tan indigna. Sintió arcadas, ¿violada por un dragón? Incluso para una guerra era demasiado, no podía permitirse darle al Pastor mas material para desprestigiar a los Targaryen.

—Que sea anunciado que la princesa Rhaenyra Targaryen fue ejecutada por alta traición, que se sepa en todo el reino que la usurpadora ha muerto—decreto fríamente la Hightower, todavía mirando con odio a su hijo, ¿cómo podía actuar así? Cualquiera que lo viera pensaría que acababa de perder a un ser muy amado, no a la culpable de todas sus desgracias, ¿pero qué esperaba? Aegon siempre fue así, débil, por mas que intento ponerlo activamente contra Rhaenyra siempre lo pillaba mirándola de reojo, con hambre, con deseo y...añoro, lo veía cuando ella se paseaba con su jauría bastarda, de la mano del príncipe canalla, la miraba como si ella fuera algo que debía ser suyo y le fue cruelmente arrebatado—que se sepa que ella murió tragada por el dragón del legitimo rey, Sunfyre—observo el cuerpo, la rodilla era lo que menos estaba calcinado—que se diga que la bestia la enguillo en varios bocados y solo quedo su rodilla.

Miro a Aegon, su hijo no reacciono, permanecía temblando como una estatua, abriendo los ojos llenos de lagrimas que no derramaba, sus dedos acariciando los pocos mechones plateados que no fueron calcinados. Le dio una mirada a su hermano, Ser Gwayne tuvo que fingir su muerte para sobrevivir a la toma del reino, lamentablemente su padre no tuvo la misma suerte, ni muchos de sus aliados. 

—Así se hará, hermana.

Asintio e hizo un gesto hacia los sirvientes. Cualquiera con dos dedos de frente sabría que la ausencia de Aemond era una mala señal, eso sumado a que claramente esa no era Rhaenyra. Se mordió la piel alrededor de los dedos, pero a diferencia de su hijo no lo hacía en un trance de dolor, sino de preocupación, sintió la piel en sus dientes, flotando en su boca mientras una sola pregunta rondaba por su cabeza: ¿qué hizo Aemond con Rhaenyra? ¿O a dónde se la llevo? Su hijo pecaba de la soberbia Targaryen, viendo a las mujeres no valyrias como solo coños que llenar, pensamiento que compartía con su padre. Mientras que Aemma, siendo hija de una princesa Targaryen era vista por Viserys como digna de llevar en su vientre a su sucesor a ella solo la veía como eso, como un coño que llenar que expulsaría a reemplazos en caso que algo le pasara a su adorada Rhaenyra. Su corazón se encogió y una sensación de desolación revoloteo en su pecho. O a su querido Jacaerys, su amado Lucerys o su valiente Joffrey. Para Viserys cualquier cosa que viniera de ella era solo un reemplazo, una ocurrencia tardía. Y Aemond era igual, aunque acepto el matrimonio con Ellyn Baratheon de buena gana no se quedaría de brazos cruzados conformándose con una novia Baratheon cuando la mujer con mas sangre de la antigua valyria, fértil y...se relamio los labios, incluso pensarlo le tomaba esfuerzo, hermosa andaba por ahí. Jamás se habría conformado con menos. Ni con Helaena, una mestiza de Targaryen Hightower además de poco agraciada e incapaz de dar buenos hijos. Aemond siempre fue así, quería lo mejor de lo mejor: los mejores maestros, las mejores espadas, el mejor y mas grande dragón y la mejor mujer. No aceptaría menos. Aegon tampoco, pero al menos era menos apasionado que su hermano en ello y mas perezoso para cumplir sus objetivos.

La Reina VerdeDonde viven las historias. Descúbrelo ahora