Nick
Siempre he sido bueno leyendo a las personas. Es decir, sus gestos, la forma en la que se expresan, la forma en la que hablan y todas esas cosas. Supongo que por eso sé reconocer cuando no le caigo bien a alguien o cuando esta está interesada en mí de un modo no amistoso. Pero ese no es el caso, tampoco lo importante. Lo importante es Mateo. Ha estado raro desde la mañana, no habla, no molesta. Simplemente se limita a estar sentado junto a mí mientras finge prestar atención a la clase. Digo «finge» porque sé que en realidad no lo está haciendo. Ni siquiera salió del salón cuando dieron el receso de 15 minutos. Solo lo hizo casi al final, cuando el timbre para cambio de hora estaba a unos minutos de sonar.
No es que esté preocupado, simplemente se me hace raro y bastante curioso. Solo eso, lo juro.
Jurar en vano es malo, Jones -me recuerda mi subconsciente. Y no sé qué quiere decir con eso.
Bonita hora de aparecer, subconsciente.
Bueno, tal vez sí había algo que me preocupaba de la situación: que me dejara plantado nuevamente, aunque esta vez el mismo me haya invitado.
-No te dejaré plantado esta vez -habla por primera vez en el día, y es como si hubiera leído mi mente, porque en eso estaba pensando-. Sé que he estado extraño y que parece que odio al mundo. Pero es solo que a veces no hay tantos días buenos. Pero no te dejaré plantado. Lo juro.
No hago nada más que sonreír y alzar un poco ambas cejas. Niego un par de veces con la cabeza y me encojo de hombros, aún sonriendo.
-¿Ley del hielo? -pregunta con una sonrisa extensa. Una que deja ver sus perfectos dientes blancos.
-No lo sé -respondo riendo-. Tal vez. Es lo que te mereces...
-is li qii ti miricis -dice imitándome en un tono burlón. Yo enarco una ceja y hago como si no lo hubiera escuchado. Él sigue balbuceando un par de cosas más a las que no les hago caso.
-Cada vez falta menos para el receso -digo, después de estarlo ignorando-, si te atreves a dejarme plantado o siquiera se pasa por tu mente, juro que te cortaré los testículos.
-¿Me tocarás los testículos? -pregunta en un tono pícaro-. Eso no está tan mal. Bueno, me voy a quedar sin hijos, pero... puedo sobrevivir.
-¡Qué ascooo! - digo con una cara que expresa muy bien lo que estoy sintiendo-. No, no voy a tocar tu sucio, asqueroso y pequeño pene. Usaré una máquina.
-Nada mejor que la sensación de hacer algo con tus propias manos -dice él aún en ese tono burlón que lo caracteriza-. Y mi pene no es ni sucio, ni pequeño. Y lo puedo comprobar.
Bien, está haciendo bromas, es un avance, supongo. No me dejará como idiota otra vez.
-¿Qué te pasa hoy? -me atrevo a preguntar, (pasando por alto lo último que dijo) pues sí en algo soy bueno es escuchando. Si se sentía mal, podría intentar ayudarlo. No es cosa mía ser amable ni nada de eso, pero tal vez es una buena manera de socializar. (?)
-¿A qué te refieres? -Inquiere, con las cejas hundidas y confusión en la mirada.
-Pues a lo que dijiste hace un rato. Has estado raro y «parece que odias el mundo» -cito sus palabras. Él relaja el ceño y suspira.
-Ah - solo eso dice. Y por un momento, creo que no hablará más. Pero obvio, lo hace -, ya te lo dije, a veces los días no son tan buenos.
Claro.
-Umm.
Está más que claro que no le creo, pero no puedo simplemente decirle eso.
Entiendo completamente que no se sincere conmigo, no es que seamos cercanos. Más bien somos como... ¿dos personas que se llevan minúsculamente bien? Sí, eso.
ESTÁS LEYENDO
Hey Nick
RomanceUna pequeña confusión puede ser el comienzo de todo. ¿No es así? Te equivocas de persona y gracias a ello encuentras a la indicada. Un nuevo año escolar, nuevos comienzos. ¿Qué pasa cuando encuentras el amor por accidente? Cuando por un... «Error»...
