Descargo de responsabilidad: Halo corresponde a 343 Industries
12 de agosto de 2559. Sistema 40 Eridani, capital Shi'Kahr.
La batalla se intensificaba frente al edificio del Alto Consejo. Seis ODST y los cuatro vulcanos que escoltaban a la capitana Seleya combatían con fiereza contra más de veinte romulanos que los habían emboscado en la plaza. Aunque superados ampliamente en número, el entrenamiento de élite y el armamento avanzado de los ODST mantenían al enemigo a raya. Los disparos rasgaban el aire con destellos letales mientras los cuerpos romulanos caían uno tras otro sobre el pavimento. Aun así, la situación seguía siendo crítica.
El líder romulano, al ver cómo sus fuerzas eran diezmadas, tomó una decisión desesperada.
—¡Tomad los hovercars y estrelladlos contra ellos! —ordenó, señalando los vehículos estacionados al borde de la plaza.
Dos hovercars cobraron vida al instante y aceleraron directamente hacia los defensores. El rugido de sus motores llenó la plaza. El impacto parecía inevitable.
Antes de que pudieran alcanzarlos, dos misiles surcaron el cielo y los alcanzaron de lleno, convirtiéndolos en una bola de fuego y metal retorcido. Los proyectiles provenían de dos Pelicans del UNSC que descendían en su ayuda. Los transportes no solo trajeron refuerzos: sus cañones frontales abrieron fuego, desatando una tormenta de balas que diezmó a los romulanos restantes. Los atacantes no tuvieron tiempo de reagruparse; sus cuerpos quedaron esparcidos por la plaza en un macabro tapiz de vísceras y sangre.
Con la llegada de los refuerzos, los ODST y los vulcanos aprovecharon el respiro para avanzar. Los Pelicans aterrizaron con precisión militar y los marines descendieron rápidamente, asegurando el perímetro y proporcionando fuego de cobertura. La plaza, que segundos antes había sido un infierno, ahora estaba bajo control aliado. Pero el peligro aún no había terminado.
—¡Al edificio del Consejo! —ordenó Seleya, liderando la carga hacia la entrada principal.
Sabían que los romulanos no se detendrían. Atacar en el corazón mismo de Vulcano demostraba la desesperación del enemigo por impedir que la delegación llegara al Alto Consejo. La traición de V'Las debía salir a la luz, y cada segundo contaba.
Mientras el grupo irrumpía en el edificio, a bordo del Resolute el capitán Hayes observaba la situación con el ceño fruncido.
—Mantengan los sensores a máxima sensibilidad —ordenó—. Si los romulanos se atrevieron a atacar en la superficie, podrían tener naves ocultas en el sistema. No podemos permitir que esta misión fracase.
Dentro del edificio del Alto Consejo reinaba el caos. Los pasillos, habitualmente silenciosos e impregnados de la serena lógica vulcana, ahora resonaban con disparos, gritos y el eco de botas corriendo. Los romulanos, infiltrados y disfrazados como personal del edificio, habían sellado estratégicamente los accesos a la sala del Consejo, aislando a los altos dignatarios y cortando toda comunicación con el exterior. La operación había sido planeada con precisión quirúrgica, y los infiltrados parecían dispuestos a morir antes que permitir que Seleya y su equipo alcanzaran su objetivo.
—¡Capitana Seleya! —informó uno de los oficiales vulcanos, consultando un mapa holográfico—. Los romulanos han bloqueado las rutas principales hacia la sala del Consejo. Podríamos intentar flanquearlos a través de los conductos de mantenimiento, pero es arriesgado.
—Riesgo o no, no tenemos alternativa —respondió Seleya con voz firme y resuelta—. Si no llegamos al Consejo, los romulanos consolidarán su control y Vulcano caerá.
Los ODST, bajo el mando del sargento Danner, avanzaban con precisión letal, despejando cada pasillo y asegurando el progreso del grupo. Sus visores polarizados brillaban en la penumbra y sus rifles BR55 escupían muerte con precisión quirúrgica. Los soldados del UNSC demostraban, una vez más, por qué eran considerados la élite de la humanidad.
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Halo OC
Science FictionAlguien reencarna en el universo de Halo antes de la Guerra Humano-Covenant, con la tarea de cambiar el resultado.
