Cap 25 (Parte 4)

721 50 96
                                        

Descargo de responsabilidad: Halo corresponde a 343 Industries

Consciente del peligro, el capitán Lasky formuló un plan en cuestión de segundos. Ordenó a las naves del almirante Adama y del almirante Saul Tigh que se posicionaran en la retaguardia de la flota, formando una muralla defensiva. El objetivo era claro: abrir una brecha que permitiera a las naves de evacuación saltar a lugar seguro. Cuando Adama preguntó por el destino del salto, Lasky respondió con determinación férrea: —Una de las colonias restantes. Ayudaremos en su defensa y seguiremos evacuando.

El número de naves enemigas ya superaba las mil doscientas. Roland, la IA de la Leviathan, no ocultó su preocupación: —Señor, solo contamos con setenta y cinco naves. La desventaja es abrumadora.

Lasky no se inmutó. Abrió un canal general a toda la flota. Su voz resonó clara y poderosa, cargada de autoridad y fuego: —Hoy no luchamos por territorio ni por gloria. Luchamos por la supervivencia de la humanidad. Recordad Reach. Recordad la guerra que ya creímos perdida. Hoy, como entonces, nos plantamos y decimos: ¡no pasarán! ¡Por la Tierra! ¡Por las Colonias! ¡Por todos los que ya no están!

La batalla que se avecinaba sería brutal, y las probabilidades seguían en contra. Aun así, cada tripulante sintió que el mensaje de Lasky les recorría la columna vertebral como electricidad. Con honor y camaradería, se prepararon para enfrentarse al enemigo.

En el vasto teatro del espacio, la flota Leviathan inició su danza mortal. Los cañones MAC rugieron, lanzando proyectiles de tungsteno a velocidades hipersónicas. Los misiles surcaron el vacío en trayectorias precisas mientras las fragatas clase Enlace soltaron sus lanzas de plasma y torpedos. El impacto inicial fue demoledor: cincuenta naves del Strom Covenant estallaron en cuestión de segundos y otras diez quedaron envueltas en llamas.

Pero el enemigo respondió con furia. Una oleada de torpedos de plasma se dirigió directamente hacia la Leviathan.

Con una maniobrabilidad que parecía imposible para su tamaño, la nave insignia aceleró bruscamente y se zambulló en el espacio de salto. Desapareció del campo de batalla y reapareció un instante después, justo en medio de un grupo de cruceros clase CCS y CAS. La Leviathan embistió a uno de ellos con precisión quirúrgica, atravesándolo de proa a popa mientras sus baterías ya disparaban a quemarropa contra el siguiente objetivo.

Los cañones MAC y los misiles volvieron a tronar. Dos cabezas nucleares clase Shiva y más de cuarenta torpedos de fotones, todos cargados al máximo, surcaron el espacio. Los láseres de defensa covenant intentaron interceptarlos, pero fue inútil. Explosiones de más de quinientos megatones y detonaciones de antimateria equivalentes a 1,2 gigatones iluminaron el vacío, convirtiendo un sector entero del campo de batalla en un infierno nuclear.

Antes de que el enemigo pudiera reaccionar, la Leviathan volvió a saltar, reapareciendo esta vez en la retaguardia de la flota covenant. Golpear rápido. Golpear duro. Desorientar. Esa era la consigna.

Desde el puente de su nave insignia, el Maestro de Flota del Strom Covenant observaba con incredulidad. En apenas minutos, una sola nave humana había destruido más de ciento veinte de sus unidades, incluyendo varios cruceros pesados CCS y CAS. La frustración y la rabia le nublaron la vista.

Cuando recibió el informe de que la Leviathan estaba posicionada justo detrás de su nave, su instinto de supervivencia se activó: —¡Maniobras evasivas! ¡Si nos alcanza en ese ángulo, no nos destruirá, pero quedaremos a la deriva!

Demasiado tarde.

El impacto sacudió la nave. La gravedad artificial falló. Luces parpadeantes, chispas y gritos llenaron el puente. El Maestro de Flota flotaba ingrávido entre el caos. —¡Reporte! —rugió.

Halo OCHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora