Pequeñas historias basadas en mis rd's.
- Son similares, es decir, no es 100% lo que ocurrió
- Las conversaciones las inventé yo en base a lo que me acuerdo
- Pueden servirles como motivación y/o escenarios que pueden colocar en sus guiones
- Hay do...
• En algunos lados vi que se escribe César, en otros Caesar, al final ni idea jajaj. Yo me fui por el más normal acá en esta parte del mundo.
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↳ César ⸺ Planeta de los simios
El amanecer teñía el cielo con tonos dorados y anaranjados cuando Olivia salió de la cueva, estirándose levemente para sacudirse la pereza del sueño. El aire fresco de la selva le rozó la piel con un escalofrío, y los sonidos de la naturaleza la envolvieron de inmediato: el canto de los pájaros, el murmullo del río cercano, el crujir de las hojas cuando algunos simios se movían entre los árboles. A pesar de lo salvaje del entorno, había encontrado su ritmo en aquella vida.
César había salido temprano, como siempre. Olivia ya lo conocía bien; rara vez se daba el lujo de descansar. La seguridad del grupo era su prioridad, y él no se permitía distracciones. Pero ella estaba ahí para recordarle que, aunque fuera el líder, también era alguien que necesitaba alimentarse, descansar y sentir el apoyo de otro.
Caminó con pasos firmes hasta la zona donde los simios almacenaban la comida recolectada, un refugio hecho con ramas entrelazadas y piedras. Allí había una mezcla de frutas frescas, raíces y algunas hierbas aromáticas que Olivia había aprendido a identificar con la ayuda de Maurice. Con movimientos ágiles, seleccionó lo mejor: plátanos maduros, bayas rojas, algunas nueces que los chimpancés habían encontrado el día anterior y unas raíces similares a la papa, que tras hervirse se volvían tiernas y nutritivas.
Se dirigió al área de cocción, un círculo de piedras donde mantenían un fuego controlado. Se agachó con cuidado y sopló suavemente sobre las brasas, avivándolas hasta que la leña crujió y la llama cobró vida. Luego, vertió agua en un cuenco de barro que Maurice le había ayudado a moldear días atrás.
Mientras esperaba que el agua comenzara a hervir, sacó un cuchillo rudimentario y empezó a cortar las raíces en rodajas finas. Lo hacía con movimientos precisos y tranquilos, sabiendo que cada pedazo contaba. En un mortero improvisado, machacó las bayas hasta formar una pasta dulce y mezcló la pulpa de plátano, creando un complemento suave para la comida.
El agua comenzó a burbujear y Olivia echó las raíces dentro, removiéndolas con una cuchara de madera. A medida que la cocción avanzaba, un aroma terroso y cálido empezó a flotar en el aire. Mientras tanto, abrió algunas nueces golpeándolas con una piedra y las dejó listas para agregarlas al final.
El aroma de la sopa se intensificó, envolviendo el aire con su calidez. Olivia sonrió levemente, satisfecha con su trabajo. Aunque no era un plato elaborado como los de su vida pasada, era nutritivo y llevaba el cariño que quería transmitirle a César.
Cuando la mezcla estuvo en su punto, vertió el contenido en un tazón de madera y lo dejó enfriar un poco. Luego, tomó una hoja grande y la dobló con precisión para formar un envoltorio improvisado donde colocó algunas frutas y las nueces tostadas. Como toque final, llenó una calabaza ahuecada con agua fresca del río y organizó todo en una pequeña bolsa de tela.
Justo cuando terminaba, escuchó pasos pesados acercándose. Olivia levantó la mirada y vio a César emergiendo entre los árboles. Su silueta imponente contrastaba con la luz del sol que se filtraba entre las hojas. Su postura era firme, pero su expresión se suavizó apenas cuando la vio.
—Olivia —murmuró con su voz grave y pausada, caminando hacia ella.
—César —respondió ella con una sonrisa suave, sosteniendo el tazón con ambas manos—. Te hice algo para comer.
Él la observó por un momento, como si analizara cada detalle de lo que ella había preparado. Luego, tomó el tazón con manos fuertes y se sentó en una roca cercana. Olivia se acomodó a su lado, viendo cómo probaba la primera cucharada.
El líder simio asintió lentamente, su mandíbula moviéndose con calma mientras masticaba.
—Bueno —dijo, mirándola con una leve expresión de aprobación.
Olivia sonrió, sintiendo una calidez en el pecho.
—Me alegra que te guste. Sé que siempre estás ocupado, pero quiero que te cuides también.
César hizo una pausa, dejando la cuchara a un lado por un momento. Sus ojos oscuros la estudiaron con atención.
—Preocupado otra vez —afirmó ella, conociéndolo demasiado bien.
Él bajó la mirada por un momento antes de responder.
—Humanos... cerca —informó con un tono grave, su ceño fruncido—. No saben que estamos aquí... aún.
Olivia suspiró. Sabía que cualquier contacto con humanos podía ser peligroso, tanto para los simios como para ella.
—¿Qué vas a hacer? —preguntó, apoyando una mano en su brazo.
César la miró con intensidad, su expresión seria, pero en sus ojos había algo más: la confianza que solo tenía con ella.
—Observar. Decidir después.
Ella asintió. Sabía que nunca tomaba decisiones apresuradas. Por eso era el líder que todos seguían, el que mantenía la paz.
—Lo que decidas, voy a estar con vos —opino Olivia con firmeza.
César dejó el tazón a un lado y tomó la mano de Olivia con cuidado. Para todos los demás, él era el líder fuerte e inquebrantable. Pero en momentos como ese, ella veía al César que solo le mostraba a ella: un compañero, alguien que también necesitaba a otro a su lado.
—Gracias... Olivia —murmuró él, entrelazando sus dedos con los de ella.
Y en medio de la selva, rodeados de incertidumbre y peligro, Olivia supo que ese era su lugar. Junto a César, no importaba lo que pasara. Estaban juntos.
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