¿Quién soy, en la vasta extensión del ser? A veces siento que soy solo un suspiro, una frágil huella en la arena del tiempo que se deshace con cada ola del olvido. ¿Qué es esta sombra que me sigue, que me murmura al oído en la quietud de mis pensamientos? La mente, ese laberinto intrincado, siempre proyectando futuros inciertos y reviviendo pasados que ya no existen, como espejos rotos que reflejan fragmentos dispersos de lo que alguna vez fui.
¿Es mi voz la que hablo o son los ecos de otros, aquellos que me moldearon, que vivieron en mí sin pedir permiso? Me observo a través de los ojos de quien fui ayer, pero mis ojos ya no reconocen el reflejo. La verdad parece deslizarse como agua entre los dedos, y todo lo que intento aferrar se disuelve en el aire, como pensamientos que se desvanecen antes de ser entendidos.
¿Qué buscan mis pensamientos, si no alcanzar alguna forma de paz? Y sin embargo, el ruido nunca cesa, las dudas se amontonan, y cada intento de darles orden solo las dispersa aún más. ¿Es esto la realidad? O tal vez es solo una proyección, una tela de araña tejida por la mente misma, que nos ata, nos atrapa, nos mantiene en este ciclo sin fin de preguntas sin respuesta.
Es curioso cómo, en esta danza constante entre lo que soy y lo que pienso que soy, la verdad siempre parece estar a un paso más allá, fuera de mi alcance. Pero, ¿quién decide lo que es verdad? ¿Es la mente la que crea el mundo, o el mundo la que modela la mente? En este soliloquio sin fin, una voz interior se pregunta si alguna vez dejaré de ser mi propia encrucijada, si algún día veré la claridad que tanto busco.
¿Y si la verdad es simplemente el vacío entre un pensamiento y el siguiente? Quizás eso es todo, este espacio que nos deja respirar, aunque nadie lo comprenda por completo. Y tal vez en ese vacío reside la libertad que tanto ansío.
Body Prison
