03 | tension

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⟪ CAPÍTULO TRES ⟫

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CAPÍTULO TRES

En el momento que Akila ingresó a la habitación de Alec, la cual ahora era también suya; vió en una esquina las maletas que sus padres le habían enviado

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En el momento que Akila ingresó a la habitación de Alec, la cual ahora era también suya; vió en una esquina las maletas que sus padres le habían enviado. Casi tropieza de lo rápido que avanzó hasta una de las maletas, solo quería arrancarse ese vestido blanco que llevaba puesto, el que parecía quemar su piel, el cual tenía gotas de lágrimas que había derramado debido a la impotencia que sentía en aquel momento.

Cae al suelo rebuscando alguna ropa que fuera cómoda para lo que sea que pasaría ese día. Unos pantalones negros junto con una camiseta sin mangas fue la escogida, lanzándolo sobre la cama. Sus manos se aferraron al borde del tocador, mirándose al espejo y frunciendo el ceño al ver el brillo dorado que comenzaba a hacerse notar en su tono miel.

Busca su estela entre las cosas que estaban sobre la mesa y antes de hacerse algún tipo de runa, junta su cabello en un recogido para mayor comodidad. Deja caer las mangas del vestido dejando al descubierto parte de su espalda y se guía por el reflejo del espejo. La tela acaricia haciéndole cosquillas en el pecho mientras trata de sujetar el vestido para no quedar al descubierto.

La frustración comienza a crecer cuando no alcanza el sitio de su espalda donde quería hacerse la runa, baja la estela con nerviosismo y se fija en su persona. Su piel era tan blanca en aquel instante, tan limpia y pura sin runa alguna, no tenía las cicatrices de sus misiones y entrenamientos, estaba limpia de cualquier marca a excepción de la runa matrimonial que tenía en su brazo.

Deja caer su cabeza contra el tocador mientras todos sus quebrantos comienzan una batalla interna por el dominio de su cordura; pensó en Jace, en su pobre amigo que en esos momentos de seguro estaba sufriendo a manos del monstruo de Valentine. Pensó en todos los problemas que ocurrían en el Cairo, pensó en cómo su relación con Alec bastó una sola espina para que sus personalidades chocaran nuevamente en una discusión que para su pesar no tenía fin ese día.

—Akila —escucha la voz de su esposo entrando en su habitación.

Alec cierra con lentitud la puerta al fijarse en la figura de su esposa, abrazándose a sí misma sentada en frente del tocador, ve cómo sujetaba con una mano su vestido que iba cayendo dejando al descubierto su espalda. Su ceño se frunce al ver como sostiene con fuerza su estela, tan fuerte que sus nudillos se vuelven aún más blancos.

𝐎𝐍𝐋𝐘 𝐀𝐍𝐆𝐄𝐋 | 𝐒𝐡𝐚𝐝𝐨𝐰𝐡𝐮𝐧𝐭𝐞𝐫 Donde viven las historias. Descúbrelo ahora