Nueva vida

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—¡Oh dios! ¡no puedo creer que nos hayamos perdido!—exclamó la mujer agarrando las largas faldas de su vestido blanco para que no se le ensuciara tanto.

—No se preocupe Señorita Sakura, las cosas van a mejorar.—la fémina le lanzó una mirada fulminante al capitán y resopló.

Si bien estar en medio de la jungla no parecía nada bueno, no podía negar de que le gustaba el aroma que desprendía el lugar. Un aire puro, un viento agradable, que, para su mala suerte, le voló el sombrero. Sin mirar al hombre que la acompaña, siguió de cerca el volador indetenible. Cuando por fin pudo localizarlo, estaba sobre una rama....

Cerca de un precipicio.

Tragó saliva, y en vez de dar vuelta atrás y dejarlo. Se lanzó a buscarlo. Era el último regalo de su madre antes de que entrara a la alta sociedad. No lo dejaría por nada del mundo. Se acercó como pudo, no miró abajo ya que sabía que se acobardaría.

Poco a poco.

—Un paso a la vez, Sakura.—se ánimo a si misma, pero cuando miró abajo, vio que la altura era de por lo menos unos cinco metros, y sin más, la rama crujió. Su cuerpo se tensó, y cayó. Cerró los ojos con fuerza por el miedo que la invadió.

Pero no sintió el impacto.

Era cálido.

Cuando abrió los ojos se encontró con un hombre realmente extraño. Parpadeó sin comprender que era lo que había pasado. Tragó saliva. Sus dedos rozaron la mejilla de este y tragó saliva al ver cómo frucia el ceño.

Definitivamente, no estaba muerta.

Y estaba en brazos de un salvaje.

«Maravillosa tu suerte, Sakura.» se dijo a si misma con ironía.

El hombre la llevó a algún lugar desconocido. Si bien ahora estaban en alguna clase de cueva, pudo ver gracias a la luz. Su extraño salvador poseía un largo cabello hasta sus caderas. Sus ojos negros parecían salvajes, su cuerpo lleno de cicatrices y sus caderas solo cubiertas por una saya de hojas.

Desviar la mirada parecía un reto.

—¿Tú eres?—trató de entablar alguna conversación, pero este sólo la observó más atentamente, los nervios aumentaban a cada instante.—¿No sabes hablar?—y por si fuera poco, este se acercó cada vez más, hasta cubrirla con su gran cuerpo.—¡Fascinante, ahora estoy atrapada con un hombre que no sabe ni hablar!—lamentarse parecía la mejor solución.

—Si se hablar, princesa. Pero me entretenía ver hasta dónde llegarías en preguntar.—sus dedos tocaron su mejilla con una delicadeza que no parecía tener.—Esto, definitivamente es una sorpresa, y un buen regalo por mi cambio de rango.—y aunque le hubiera gustado preguntar, algo le decía que su vida ya no iba a ser la misma.

Drabbles SasusakuHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora