Entre fuego y estrellas

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La lluvia caía con violencia sobre el asfalto mientras Félix caminaba sin rumbo, como si el cielo estuviera llorando por él. La capucha de su abrigo cubría apenas sus cabellos mojados, pero no ocultaba sus ojos rojos, cristalinos, ni el temblor de sus manos. Había prometido no llorar más por él. Se lo juró tantas veces. Y sin embargo... ahí estaba. Mojado. Dolido. Solo.—¿Por qué siempre es contigo...? —susurró, sabiendo que no había nadie que pudiera responder.Pero sí lo había.—Porque tú me amaste más que nadie —dijo una voz detrás de él.Félix se dio vuelta, lentamente. El corazón se le detuvo por un segundo. No por miedo. No por odio. Por todo lo que sentía y había sentido alguna vez. 

Ahí estaba Hyunjin, empapado también, con los ojos oscuros, cansados, desesperados.—No deberías estar aquí —susurró Felix, como si decirlo en voz alta fuera admitir que lo necesitaba allí más de lo que quería.Hyunjin dio un paso adelante.—No podía quedarme sin hacer nada después de lo que hiciste por mí... después de cómo me defendiste, incluso cuando todo el mundo empezó a temerte.Félix apretó los labios.—No lo hice por ti. Lo hice porque era lo correcto.Silencio. Una gota resbaló por la mejilla de Hyunjin. No se sabía si era lluvia o llanto.—Mentiroso —dijo Hyunjin con una sonrisa rota—. Siempre dijiste que nunca mentías, ¿recuerdas?Félix dio un paso atrás. Luego otro. Pero Hyunjin avanzó.—No te atrevas a alejarte —le dijo, la voz ronca—. No otra vez. No ahora que lo entiendo. Ahora que me doy cuenta de lo que perdí. 

No, Hyunjin. Tú no perdiste nada. Tú me usaste. Me miraste como si fuera un capricho. Me tuviste... y luego me dejaste, como si no valiera nada. Como si lo nuestro no fuera real.La voz de Félix tembló al final. Dolía aún. Como la primera vez.Hyunjin bajó la cabeza.—No tengo excusas. No puedo pedirte perdón y esperar que me lo des. Pero sí puedo quedarme aquí, bajo la lluvia contigo, aunque no me ames más. Aunque no me perdones.El silencio volvió, más denso, más cruel.—Te odié tanto... —susurró Felix—. Y al mismo tiempo... cada noche deseaba que me buscaras. Que me miraras como antes.Sus ojos se encontraron.—¿Y ahora? —preguntó Hyunjin, apenas un murmullo—. ¿Qué deseas ahora? . Cerró los ojos.—Desearía poder olvidarte... Pero no puedo.Hyunjin se acercó, lento, como si tuviera miedo de romperlo. Sus dedos rozaron la mejilla de Felix, y el contacto fue como una chispa. Dolorosa. Eléctrica. Viva.—Entonces no lo hagas —susurró—. No me olvides. Ámame otra vez. O... ódiame otra vez. Pero hazlo conmigo.Félix lo miró fijamente. Había fuego en sus ojos, pero también estrellas. Era el amor que aún quedaba... y el dolor que jamás se había ido.Y bajo la tormenta, se besaron.No fue un beso dulce. Fue un beso como la canción de una tragedia. Como una herida que se abre para dejar salir lo que duele. Como un grito desesperado por algo que no quieren perder de nuevo. Fue amor y fue odio. Fue pasado y presente. Fue perdón y castigo.Y por un momento, aunque doliera, aunque sangrara, Félix no se sintió solo. Fue el tipo de beso que sabe a llanto, a promesas rotas y aún así... a hogar.Un beso que dijo te extraño, te amo, te odio, no te vayas... otra vez.

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