El Monstruo Bajo la Rosa

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La misión había sido un éxito. Casi.Las fuerzas de élite regresaron del infierno: Chan herido, Minho exhausto, Jeongin con la mirada perdida... y Félix al frente, caminando entre los cuerpos de los enemigos caídos como un emperador de la guerra. Sus espadas goteaban sangre oscura, no solo de lobos, sino de seres que nunca debieron caminar en esta tierra. Entidades híbridas, deformadas, creadas en laboratorios de clanes perdidos. Pura maldad hecha carne.Todos sabían que nadie habría salido vivo si él no hubiera estado ahí.Y eso... Los Aterraba.Al llegar al cuartel de los Lee, el aire estaba tenso. Incluso el silencio parecía denso. Seungmin cerró la puerta detrás del grupo, y las miradas se cruzaron como cuchillas. ¿Qué está pasando? —preguntó Chan, limpiando su rostro con una toalla.Nadie respondió. Fue Jeongin, quien finalmente lo dijo.—Hay rumores... los chicos de los escuadrones que nos vieron pelear, los sobrenaturales... todos hablan de lo mismo. Dicen que vieron a Rosa Carmesí. Y lo vieron en Felix. 

 El silencio se rompió como un cristal.—¡Eso es ridículo! —gritó Minho, poniéndose de pie. Su voz tembló—. ¡Él no es un monstruo! ¡Es mi hermano!Pero incluso al decirlo, su voz sonaba más a ruego que a certeza.Los susurros crecieron. Algunos soldados del escuadrón evitaron mirar a Félix. Otros lo observaban como si de pronto no fuera uno de ellos, sino algo... distinto.Chan cerró los ojos, frustrado. Sabía que esto pasaría. Sabía que ese nombre maldito no se podía mantener en secreto para siempre.Lia Lee, madre de Félix, intentó controlar la situación. Pidió silencio. Quiso intervenir.Pero ya era tarde. 

 Félix se puso de pie en el centro de la sala. Las luces titilaron. La energía en el aire cambió.—Basta —dijo con voz firme, calmada, inquebrantable.Todos lo miraron. Su expresión era neutra, sus ojos tranquilos... pero en su aura, había algo que erizaba la piel.—No quiero seguir escondiéndome. Estoy cansado de actuar como si no lo supieran.Minho negó con la cabeza. Jeongin se encogió. Lia intentó dar un paso hacia él, pero Felix la detuvo con una mirada suave.—Sí —dijo. Su voz sonó como un cuchillo cayendo sobre mármol—. Yo soy Rosa Carmesí. El monstruo. El arma. La leyenda.Un escalofrío recorrió la sala.—Soy quien acabó con la Manada Chio. Soy quien ejecutó al Círculo de Sombras en una noche. Soy el que hizo temblar a los alfa del sur. He matado más de lo que jamás podrán imaginar. 

 Algunos cazadores dieron un paso atrás. Otros apretaron las mandíbulas. Y los representantes sobrenaturales, los embajadores lobos y vampiros... se pusieron de pie con tensión.Uno de ellos —un beta— no pudo más.—¡Tú... tú disfrutas hacerlo! ¡Eres un maldito demonio! ¡Un experimento de guerra!Hubo murmullos, un intento de intervención...Pero fue Hyunjin quien habló.—¡Cállate! —Rugió, su voz resonando como un verdadero alfa. Todos lo miraron, incluso los suyos.Hyunjin dio un paso adelante. Caminó hasta quedar junto a Felix. Su presencia imponente, su porte noble, y la furia temblando en su pecho.—¿Es un monstro ? Quizá —dijo—. Pero es nuestro monstruo. Es quien ha protegido a cazadores y sobrenaturales por igual. Es el que pone el cuerpo cuando todos huyen. Es el que no falla.Su voz se volvió más grave. Más pura.—¿Saben qué es realmente aterrador? Que ustedes mismos lo saben... y aún así lo llamarían demonio. Porque les da miedo aceptar que alguien como él, alguien como Felix, no solo los protégé... sino que es mejor que ustedes. El silencio cayó. Esta vez, no era miedo. Era respeto.Félix lo miró, desconcertado. Y por primera vez, Hyunjin sonrió.—Yo fui el que lo lastimó más que cualquier enemigo. Pero aquí estoy. Y si yo, el alfa Hwang, acepto y respeto al Rosa Carmesí... más les vale que ustedes también lo hagan.Uno a uno, los cazadores inclinaron la cabeza. Lentamente. Algunos temblando. Otros convencidos. Pero todos entendiendo. 

Una neblina suave se colaba por los ventanales del despacho de Yeji, donde Hyunjin esperaba de pie. La reunión fue convocada temprano, demasiado temprano. Como siempre, su madre no daba tregua.Yeji lo observó con atención desde su escritorio. Estaba impecable, como si la batalla de ayer no hubiese tocado ni un solo cabello de su melena oscura.—Lo hiciste bien —dijo sin rodeos, entornando los ojos felinos—. Por fin hiciste algo digno de un alfa.Hyunjin no respondió. Se limitó a asentir, con la mandíbula tensa. Había aprendido que las felicitaciones de su madre siempre venían con un filo oculto.—Defender públicamente al Rosa Carmesí... inteligente. Valiente. Políticamente necesario. —Su voz era afilada como una navaja envuelta en terciopelo—. A algunos aún les tiemblan las piernas, pero ahora lo ven como un líder. Y a ti, como el alfa que lo mantiene a raya.Yeji se puso de pie. Caminó lentamente hasta quedar frente a su hijo, apenas unos centímetros separándolos.—Y hablando de eso... deberías considerar asegurar esa alianza. Formalmente. —Lo dijo como si hablara de una negociación de tierras—. El chico es joven. Hermoso. Poderoso. Si no podemos tenerlo como soldado, que sea parte de nuestra sangre. Un vínculo, un hijo, lo que sea necesario. 

Hyunjin apretó los puños, pero no retrocedió.—No va a pasar —dijo con calma—. No así.Yeji alzó una ceja.—¿Te atreves a negarte?Hyunjin la miró a los ojos. Por primera vez en años, sin vacilar.—No es que no quiera... —Su voz se quebró apenas, pero se mantuvo firme—. Es que él no quiere. Y yo no voy a forzarlo a ser mío si su corazón ya no lo es.Yeji lo observó en silencio. No hubo gritos. No hubo reproches. Solo una mueca fría, que podría o no haber sido una sonrisa.—Qué romántico. —Se giró, volviendo a su escritorio—. Solo espero que ese corazón que tanto respetas... no termine apuñalándote por la espalda.Hyunjin no respondió. Se giró para marcharse.Pero antes de salir, murmuró sin mirar atrás:—Prefiero un corazón libre que una jaula llena de resentimiento.Y cerró la puerta.

ok ok ya se mucha acción es hora de regresar al romance no creen.... vamos a darle con todo

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