La vida de Liana estaba destinada a ser sobrenatural, tanto por los genes de su madre como por los de su padre. Pero todo comienza a cambiar cuando su novio se imprima de ella y con el tiempo se da cuenta de que Jacob no la ama, desde entonces hace...
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El incidente.
Liana se puso de pie inmediatamente, no era capaz de seguir sentada ahí y pretender Jake que no había roto una de las leyes de su tribu, algo que le habían inculcado desde que aprendió a hablar, al igual que a todos los niños de la reserva, por eso le parecía inaceptable que Jake hablara tan libremente del asunto con una cara pálida, no importaba que Bella fuera su amiga, ella nunca le hubiera contado aquella historia, estaba traicionando la confianza de su gente, de su tribu, de su familia.
Por mucho que amara a Jake, Lia estaba enojada. Jake no parecía entender la gravedad de lo que acababa de hacer.
La azabache negó con la cabeza y se dirigió al océano. Necesitaba pensar, Jacob acababa de hablar de algo sagrado para ellos como parte de la tribu Quileute, pero a Jacob no parecía importarle ¿Por qué? No había una respuesta lo suficientemente valida para ella. Ellos como hijos de algunos de los líderes de la tribu necesitaban dar el ejemplo.
El agua la recibió con una bienvenida, la baja temperatura era exactamente lo que necesitaba para pensar sobre aquella situación. Hundió su cabeza y comenzó a nadar a las profundidades, donde la luz del sol apenas llegaba y los sonidos se distorsionaban por completo.
Una idea surgió en su mente, recurriría a su fuente de confianza, su padre, él era el indicado para guiarla en hacer lo correcto, además él era uno de los jefes de la tribu y debía saber que el tratado había sido roto, era matar dos pájaros de un tiro.
Salió de las profundidades de sus pensamientos cuando sus pulmones empezaron a arder y rogar por aire, hizo aleteos rápidos con sus piernas hasta que llegó a la superficie, ahí todo volvió, la luz, los sonidos, el aire...
─ Estuviste bastante tiempo allá abajo. ─ dijo una voz detrás de ella, no se volteó. La reconocía a la perfección, era Paul.
─ Tenía mucho en que pensar. ─ admitió.
─ ¿Puedo ayudar? ─ ella volteó parcialmente la cabeza.
─ No lo creo pero gracias. ─ Paul tenía el cabello mojado y la cara cubierta de gotas, estaba literalmente con el agua hasta el cuello. No lo admitiría pero se había metido al agua poco después que Lia, en caso de que a ella le pasara algo, su mente había ido de inmediato a la posibilidad de que ella se ahogara y la opresión que le generó en el corazón casi hizo que se muriera ahí mismo.
Sin embargo, todo pensamiento se borró de su mente cuando vio aquella silueta, la silueta de Lia saliendo del océano, con el largo cabello pegado a su cuerpo debido al agua y el sol justo detrás de ella, el sol iluminaba su figura, como si le diera un aura de un cálido color naranja que resaltaba cada curva del hermoso cuerpo de la chica. Por un momento a Paul incluso se le olvidó como respirar, pero soltó las primeras palabras que se le vinieron a la mente.