[𝙼𝚊𝚗𝚜𝚒ó𝚗 𝚍𝚎 𝚂𝚊𝚗𝚝𝚒𝚜, 𝙸𝚝𝚊𝚕𝚒𝚊]
______ inspiró hondo el aire fresco de la mañana mientras se sentaba en uno de los bancos de piedra junto al patio de entrenamiento. Sus músculos todavía ardían del sparring temprano que se había exigido a sí misma, pero decidió quedarse a supervisar a los nuevos reclutas, aunque fuera solo para darles algo de presión.
Mientras observaba los torpes movimientos de los novatos —puños mal lanzados, pasos en falso, guardias abiertas—, su mente divagó hacia algo mucho más suave. O más bien, hacia alguien.
Esa mañana se había visto obligada a salir antes de que Simón —o sombrita, como a veces lo llamaba en broma cuando él no escuchaba— despertara. La reunión con su padre y los supervisores de seguridad no podía esperar. Ni siquiera tuvo tiempo de despedirse bien. Pero, intentando compensar esa pequeña traición, le había dejado un desayuno recién hecho: huevos revueltos, café caliente y un par de tostadas que preparó casi en silencio para no despertarlo.
¿Se lo habrá comido? pensó, mordiendo la parte interna de su mejilla. ¿O se fue sin probar bocado?
Conociéndolo, probablemente ni siquiera se quedó a dormir bien. El recuerdo de la noche anterior se coló en su mente: la calidez de su pecho bajo su mano, la forma en que lo sintió tan presente y tan lejos al mismo tiempo.
Suspiró, apartando la idea antes de que la dejara demasiado blanda. Había trabajo que hacer.
El sonido de pasos a su lado la devolvió a la realidad. Una bocanada de humo de cigarrillo flotó delante de ella. ______ ladeó la cabeza, encontrándose con Tomasso, que se acomodaba a su lado en el banco, encorvado, con el cigarro recién encendido entre los dedos.
—Sabes que no puedes fumar aquí, Tomasso —le soltó, arqueando una ceja, aunque su tono cargaba un dejo de diversión.
Tomasso soltó una risa baja, sin preocuparse.
—Disculpa, la costumbre —respondió, dejando escapar el humo con un suspiro largo, mientras miraba el patio lleno de reclutas sudorosos.
______ se cruzó de brazos, siguiéndole la mirada.
—No deberías darles tan mal ejemplo.
Tomasso soltó una carcajada, negando con la cabeza.
—¿Qué más da? Igual no van a durar mucho. —Se inclinó hacia adelante, observando cómo uno de los chicos fallaba un bloqueo y casi se comía un derechazo—. Vaya que son pésimos los nuevos. En serio, ¿estos críos van a proteger el imperio De Santis? Qué maldito chiste.
______ no pudo evitar soltar una risa entre dientes, girándose para verlo.
—Vaya, vaya… ¿el gran Tomasso burlándose de los reclutas?
Tomasso ladeó la cabeza, burlón.
—Solo digo la verdad, principessa. Míralos. El primero se tropieza con su propia sombra, el otro ni siquiera sabe cómo sostener el cuchillo de entrenamiento. Si una rata se colara hoy, nos hace un nido en la cocina sin que nadie lo vea.
______ soltó un bufido divertido, negando con la cabeza.
—Están empezando. Con tiempo mejorarán. Todo sea por reforzar la seguridad. —Su voz bajó, más seria, aunque no perdió la chispa—. Mi padre está más paranoico que nunca desde que il topo loquace hizo de las suyas.
Tomasso gruñó por lo bajo, dando otra calada profunda.
—Maldito soplón… Si lo pillo, le arranco la lengua y se la mando a sus aliados en un frasco.
______ rodó los ojos, mirándolo de reojo con picardía.
—Sabes… —empezó, dibujando una sonrisa ladina—. Mi padre siempre dice que cuando te conoció eras “el mejor estratega de la Costa”… pero un luchador pésimo.
Tomasso giró la cabeza hacia ella, levantando una ceja con gesto ofendido.
—¿Eso dice tu viejo? —escupió la risa entre dientes.
______ asintió, imitándolo con voz grave y teatral.
—“Un cerebro de oro… y unos puños de mantequilla”. Así decía. —Hizo un puñetazo flojo al aire, conteniendo la risa—. Según él, terminabas sangrando cada vez que dabas un golpe mal dado.
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MAFIA-𝐒𝐢𝐦𝐨𝐧 "𝑮𝑯𝑶𝑺𝑻" 𝐑𝐢𝐥𝐞𝐲°
FanfictionEn un oscuro y peligroso mundo donde la ley y el crimen se entrelazan, una misión militar y una operación mafiosa se cruzan en las calles de Madrid. Sin embargo, el destino tiene otros planes. En medio de la preparación y el reconocimiento, Ghost se...
