XVII

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[𝙼𝚊𝚗𝚜𝚒ó𝚗 𝚍𝚎 𝚂𝚊𝚗𝚝𝚒𝚜]

1 𝚜𝚎𝚖𝚊𝚗𝚊 𝚍𝚎𝚜𝚙𝚞é𝚜...

La mansión De Santis estaba bañada por una calma engañosa, la misma que precede a una tormenta. Las lámparas de cristal brillaban sobre la larga mesa de roble macizo, alrededor de la cual se alineaban los hombres y mujeres más leales al patriarca. Guardias de seguridad se apostaban discretamente en cada entrada, revisando cada detalle con la paranoia propia de quien sabe que el poder siempre tiene un precio.

En la cabecera, Vicent De Santis, el gran capo, fumaba un habano con gesto pensativo. A su izquierda, ______, erguida y atenta, lucía un traje negro impecable. A su derecha, Tomasso, quien jugaba con un encendedor entre sus dedos, evaluando cada palabra que se dijera. Y, frente a ellos, Kim Choi: impecable, casi inhumano, su sonrisa tan pulcra como siempre, pero con una sombra de tensión latiéndole en las sienes.

El silencio se extendió un momento, roto solo por el leve chasquido de la brasa del cigarro. Vicent fue el primero en hablar, su voz profunda cargada de ese acento italiano que volvía cada frase más pesada.
-Señor Choi -empezó, entrecerrando los ojos detrás de una nube de humo-, hemos revisado todos los términos. Protegemos su imagen, cerramos las bocas, financiamos parte de su campaña... y limpiamos cualquier mancha que pueda aparecer antes de las elecciones.
Dejó escapar una risa ronca, un poco melancólica.
-Un trato como este no se sella todos los días. Mi querida ______ trabajó noche y día para garantizar que ni una rata quedara viva. -Desvió la mirada hacia su hija, y por un segundo sus ojos se suavizaron, mezclando un orgullo genuino con la tristeza de un padre que sabe que su niña ya no es tan niña-. Tu madre estaría tan orgullosa de ti, tesoro. Verte manejar esto... como una verdadera De Santis.

______ sostuvo la mirada de su padre, con un leve asentimiento. Bajo la mesa, su mano apretaba la carpeta del contrato final, sintiendo su pulso retumbarle en los oídos.
-Todo está listo -dijo, volviéndose hacia Kim Choi con una sonrisa diplomática, como una serpiente envuelta en seda-. La limpieza fue... exhaustiva. No habrá más filtraciones.

Tomasso soltó una carcajada irónica.
-Si alguien aún piensa hablar, no tendrá lengua para contarlo -remató, haciendo saltar la tapa del encendedor una vez más.

Kim Choi se acomodó en su silla, cruzó las piernas con esa elegancia robótica suya, y miró la carpeta. Sus manos se movieron apenas, inseguras, antes de tomar la pluma.
-Y... lo que piden a cambio -dijo, con la voz cuidadosamente neutra-. Acceso a parte de la licitación de los puertos. Control de las rutas marítimas... y contactos con ciertos inversionistas de Seúl. Es mucha confianza para depositar en una familia... tan... singular.

______ arqueó una ceja, divertida.
-No somos solo una familia, señor Choi. Somos el escudo que se interpone entre usted... y quienes le arrancarían la garganta por un rumor mal contado. Créame, nadie hace esto mejor que nosotros.

Kim Choi tragó saliva, apenas perceptible. Firmó la primera página, cada letra temblando un milímetro.
Vicent se inclinó hacia adelante, con una sonrisa que mostraba sus dientes amarillos como un lobo viejo.
-Lo que hacemos por usted no es gratis. Ni olvidable.
Sus dedos tamborilearon sobre la mesa, mientras uno de sus guardaespaldas colocaba una pequeña caja negra frente a Kim Choi: un reloj de bolsillo antiguo, la marca de un pacto sellado a la vieja usanza.
-Considéreselo un recuerdo. De que somos familia ahora. Y la familia... nunca olvida.

Choi tomó el reloj con cuidado, como si fuera una bomba. Lo abrió: dentro, en lugar de una foto, estaba la inicial de los De Santis grabada sobre oro. Un recordatorio de a quién debía obedecer cuando llegara el momento.

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⏰ Última actualización: Jan 12 ⏰

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MAFIA-𝐒𝐢𝐦𝐨𝐧 "𝑮𝑯𝑶𝑺𝑻" 𝐑𝐢𝐥𝐞𝐲°Donde viven las historias. Descúbrelo ahora