XI

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______ miraba las calles  pasar lentamente a través de la ventana del auto, disfrutando de la cálida luz del atardecer que bañaba la ciudad. Sin embargo, su atención pronto se desvió hacia el asiento del conductor, donde Simón manejaba en completo silencio, con la mirada fija en la carretera.

Sus ojos se detuvieron en los brazos del hombre, siguiendo las líneas de sus tatuajes y notando cómo las venas se marcaban ligeramente cada vez que apretaba el volante. En un gesto inconsciente ______ mordió su labio inferior, un pensamiento fugaz cruzando por su mente. Apenas se dio cuenta de lo que hacía, hasta que una ligera punzada de vergüenza la golpeó, obligándola a desviar rápidamente la mirada hacia la ventana para intentar disimular.

Respiró hondo y trató de concentrarse en otra cosa. Después de unos minutos, el auto se estacionó frente a un edificio de arquitectura moderna, con grandes ventanales que reflejaban los colores del cielo.

—Aquí estamos —dijo Simón, apagando el motor mientras bajaba del auto.

______ lo siguió, tomando algunas bolsas de las compras y caminando hacia la entrada del edificio. Al llegar al ascensor, presionó el botón del piso de su departamento y esperó en silencio, sintiendo la proximidad del hombre a su lado en el pequeño espacio. Cuando el ascensor se detuvo, buscó las llaves en sus bolsillos, finalmente encontrándolas después de un momento de confusión.

—Bienvenido a mi dulce hogar... —dijo ______ mientras abría la puerta, antes de añadir con una sonrisa traviesa—. Por décima vez, creo.

Simón soltó un leve suspiro, cargado de paciencia, mientras entraba y dejaba las bolsas en la cocina sin decir una palabra. ______ cerró la puerta detrás de ellos y dejó las llaves sobre una pequeña mesita junto a la entrada.

Desde su lugar, observó cómo Simón organizaba las bolsas con eficiencia casi militar. No pudo evitar sonreír al recordar la primera vez que lo invitó a su departamento. Había sido un día soleado, pero una inesperada tormenta los había sorprendido mientras caminaban por la ciudad. ______, preocupada porque ambos terminaran empapados, insistió en llevarlo a su apartamento para secarse.

Simón, aunque reacio, aceptó después de que ella insistiera repetidamente. Sin embargo, cuando llegaron, ______ se llevó una sorpresa. Su departamento estaba completamente desordenado y cubierto de polvo, producto de semanas —quizás meses— de abandono, ya que pasaba la mayor parte de su tiempo en la mansión de su padre.

La vergüenza de ______ había sido palpable. Recordaba claramente cómo sus mejillas se encendieron y su voz tembló al intentar explicarse.

—¡Lo siento mucho! —había dicho, limpiando apresuradamente con un paño improvisado—. Esto no suele estar así... bueno, en realidad sí, pero...

Simón no había dicho nada, pero la leve curva de sus labios le dejó claro que estaba más divertido que molesto. Desde entonces, ______ se había esforzado en mantener el lugar en mejor estado, y ahora, mientras lo miraba moverse por la cocina, sintió un leve orgullo al recordar cuánto había cambiado ese espacio desde aquella vez.

—¿Te quedaste congelada ahí o vas a ayudar? —preguntó Simón, sacándola de sus pensamientos.

—¡Oh! Claro, claro. Lo siento —respondió, apresurándose para desempacar las bolsas de compras y organizar los productos.

______ tomó las verduras y las colocó en el refrigerador mientras Simón se encargaba de las botellas y otros productos más pesados. El silencio en la cocina no era incómodo, pero ______ no podía evitar querer llenarlo con algo.

—¿Recuerdas la primera vez que viniste aquí? —preguntó, sin poder contener una pequeña risa.

Simón levantó una ceja mientras guardaba una botella de vino en el mueble.

MAFIA-𝐒𝐢𝐦𝐨𝐧 "𝑮𝑯𝑶𝑺𝑻" 𝐑𝐢𝐥𝐞𝐲°Donde viven las historias. Descúbrelo ahora