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[Manayu]

La mañana en el arrecife comenzó más tranquila de lo normal. El mar tenía ese brillo translúcido que lo hacía parecer otro cielo, uno al que solo los valientes se atrevían a entrar. Asvini y yo no hablamos más después de la pequeña conversación que tuvimos anoche.

Yo sé leerla. Siempre la he podido leer. Y anoche no era solo felicidad... era confianza. Y esa confianza no venía de mí.

Estábamos sentados junto a las redes secándose al sol. Tsireya se reía de algo que dijo Lo'ak, y Tuk jugaba con un cangrejo pequeño que había encontrado entre las piedras. Neteyam apenas hablaba. Solo miraba el mar, con los brazos cruzados.

—Entonces... ¿qué hicieron tú y tu hermana anoche? —preguntó Kiri, casual, como si no fuera una pregunta que me encendiera el pecho.

Respiré hondo. Ya lo habían notado. Claro que lo notaron.

—Fue Ao'nung —solté, sin pensarlo demasiado. Todos me miraron. —Él vino por ella. La sacó del mauri en secreto. Yo... los vi salir y cuando ella regresó ya era muy tarde.

—¿A dónde fueron? —dijo Tsireya. Tenía una mezcla de intriga y preocupación.

—Al Árbol de las Almas —respondí. Sus ojos se abrieron. —Ella estaba mojada, exhausta, pero... feliz. Nunca la había visto así. No desde que dejamos el bosque.

Neteyam se giró de inmediato. Su ceño fruncido. Sus ojos afilados.

—¿El Árbol de las Almas? ¿Ella fue con Ao'nung?

Asentí.

—Y no te imaginas cómo volvió. Se veía como si por fin... como si por fin pudiera respirar.

El silencio cayó sobre todos por un momento. Podía sentirlo, como una marea subiendo. Kiri miró a Neteyam, que ahora apretaba la mandíbula, los puños cerrados contra las rodillas. La forma en que apretaba los labios me lo decía todo. Celos. Puros celos. Y por alguna razón, me dolía verlo. Neteyam siempre había sido bueno con ella. Pero nunca dio el paso. Y ahora es Ao'nung quien la está ayudando a sanar... quien la está haciendo sonreír.

—¿Eso está permitido? —preguntó Rotxo, rompiendo el silencio. —Quiero decir... no es parte del clan todavía.

No respondí. Lo más probable es que no lo sea.

Pero ya era tarde para esa pregunta.

Sin que ninguno de nosotros lo supiera, a unos metros, tras unas rocas planas y el sonido de las olas, uno de los amigos de Ao'nung —ese que siempre se reía de más— se había quedado escuchando desde hacía rato. Cuando dije "Árbol de las Almas", lo vi moverse discretamente y alejarse en dirección al mauri de Ronal.

Maldita sea...

[Ao'nung]

—¡¿Qué hiciste?! —rugió mi madre apenas crucé el umbral del mauri. Mi padre se encontraba detrás de ella, con expresión tensa.

—Yo...

—¡La llevaste al Árbol de las Almas! —me interrumpió. Su voz retumbó por todo el lugar. —¡Una forastera! ¡Una que ni siquiera ha sido aceptada por completo!

Cerré los ojos. Ya lo sabía.

—Ella no es solo una forastera —respondí, firme, alzando la voz. —Ella es parte de nosotros. Y si tú no lo ves... entonces no la estás viendo de verdad.

Me observó con una mezcla de furia e incredulidad. No estaba acostumbrada a que le respondiera. Menos así.

—Eso fue una traición al espíritu del clan, Ao'nung. A Eywa.

—¿Eywa? —di un paso hacia ella —Eywa la aceptó. Yo la vi. Cuando hizo tsaheylu, el árbol la recibió. Y ella... ella se conectó de una manera que yo nunca había visto antes. Ella pertenece aquí más de lo que tú quieres admitir.

Mi madre me fulminó con la mirada. —¿Qué te pasa con esa niña, Ao'nung?

—¡No es "esa niña"! —grité —¡Es Asvini! Y lo que hice fue porque sé lo que es sentirse fuera de lugar... sé lo que se siente cuando todos te miran como si no pertenecieras.

Mi padre puso una mano sobre el hombro de mi madre. Ella se giró bruscamente, saliendo del mauri, sin decir más. Pero yo sabía que esto no iba a quedar así.

[Asvini]

Me sentía bien, el aire no me pesaba y por fin después de meses me sentía como yo, llena.

Pero la calma no duró mucho.

Al llegar al pueblo, varias miradas se clavaron en mí. Los susurros iban y venían. Ya lo sabían. Sentí el nudo apretarse en mi estómago.

Jake me llamó. Neytiri estaba junto a él. Tonowari también. Pero Ronal era la que hablaba primero.

—Sabemos lo que hiciste anoche.

El mundo pareció detenerse.

—Lo siento —dije de inmediato. —No fue mi intención faltar al respeto. Solo... lo necesitaba.

—No estás autorizada para ir al Árbol —dijo ella con dureza. —Ni tú ni tu hermano han completado los rituales. Fue una violación.

Me enderecé. Sentía la presión de todos los ojos sobre mí. Pero no iba a esconderme.

—Entonces quiero asumir una penitencia —dije con firmeza. Jake me miró con sorpresa. —No porque me obliguen, sino porque quiero honrar a este clan, a su historia, a Eywa. No quiero que me acepten por compasión... quiero ganármelo.

La sorpresa fue general. Tonowari entrecerró los ojos, evaluándome. Ronal no dijo nada al principio. Luego, muy despacio, asintió.

—Hablaremos de eso. Pero tu decisión... dice mucho.

Y así, sin una sola gota de lágrima, me di la vuelta, sintiendo el peso de todo sobre mis hombros, pero también la firmeza bajo mis pies.

A veces el camino más difícil... es el que más revela quién realmente eres.

[M3av6rv]
Jajajajaj ahora si viene lo bueno jajajaj

Lost girlDonde viven las historias. Descúbrelo ahora