19

62 10 1
                                        

[Asvini]

El sonido de las olas me parecía más ruidoso de lo normal esa mañana. Tal vez era el nerviosismo. Tal vez Eywa me estaba preparando.

Nos pidieron que estuviéramos en la playa al amanecer. No dijeron mucho más.

Al llegar, los Metkayina ya estaban formados en semicírculo, y frente a todos, Ronal esperaba con su mirada implacable. Sostenía en sus manos una concha tallada filosa, casi como una navaja, brillante con los primeros rayos del sol.

Mi corazón latía como si fuera a salir de mi pecho. Sentía el peso de todos los ojos sobre mí, algunos con lástima, otros con curiosidad... pero sobre todo con juicio.

Tonowari me miraba serio, pero sereno. Jake estaba a su lado, cruzado de brazos, y Neytiri... tenía la mandíbula apretada. Parecía querer intervenir, pero sabía que no debía.

Ronal alzó la voz —Asvini te Spellman Norm'ite, hija de los Omatikaya, guerrera de sangre mezclada, has quebrantado una regla sagrada del clan Metkayina. Entraste al Árbol de las Almas sin haber sido aún aceptada por completo por Eywa ni por nuestro pueblo.

Silencio.

Mi respiración era pesada. Cada palabra sentía que me empujaba más al borde del abismo.

—Podría haberte desterrado —continuó Ronal, su voz afilada como obsidiana—. Pero tú, sin que nadie lo pidiera, has ofrecido asumir una penitencia. Eso... merece respeto.

Tragué saliva.

—Por eso, como Tsahìk, pido a Eywa que aceptes este acto como muestra de humildad y cambio. Desde hoy dejarás atrás los símbolos de tu viejo clan... y soltarás las trenzas que llevas como emblema.

Un escalofrío recorrió mi espalda. No me lo esperaba.

—Desde hoy —agregó Ronal— dejarás caer las perlas, plumas y tiras Omatikaya que adornan tu cabello. Desde hoy, caminas con nosotros, desnuda de títulos, de pasado, de orgullo. Solo tú y Eywa.

Sentí cómo todo se me venía encima.

Neytiri se movió, un paso adelante, pero Jake la detuvo. Tsireya bajó la mirada.

Me arrodillé. No por sumisión, sino porque mis piernas ya no sostenían el peso de lo que estaba ocurriendo.

Ronal se acercó y tomó entre sus dedos una de las tiras verdes que decoraban mi cabello, tejidas por Kiri cuando tenía doce años. Las cortó. Después una pequeña piedra tallada por mi padre. Luego, el pedazo de tela rojo que Angus me dio tras mi primer vuelo. Una a una... cayeron a la arena como si fueran pedazos de mí.

Mi respiración se volvió errática. Aguantaba. Como siempre.

Cuando terminó, Ronal me miró directamente a los ojos.

—Ahora, suéltate el cabello. Deja que Eywa vea quién eres sin adornos.

Mis manos temblaban al deshacer las trenzas. Cada nudo que soltaba dolía como una despedida.

Ao'nung se adelantó. Nadie se lo pidió.

—Tsahìk —dijo firme—, yo también rompí la regla. Yo la llevé. Yo insistí. Si hay castigo, que sea compartido.

Ronal lo miró, con algo entre furia y respeto.

—No. Tu penitencia será ver lo que has causado.

Me miró. Todos lo hicieron.

Mi cabello caía desordenado, como si ya no supiera a quién pertenecía. Me sentía vacía. Perdida. Pero también... liberada.

—Eywa conoce tu verdad. Ahora comienza tu verdadero camino —dijo Ronal, y dio un paso atrás.

Lost girlDonde viven las historias. Descúbrelo ahora