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►They want it, but no - Tobe Nwigwe, Fat Nwigwe

[Asvini]

El aire chocaba contra mi piel mientras corría, empujando mi cabello hacia atrás. La tierra húmeda se pegaba a mis pies con cada paso, pesada, resbalosa... pero no me importaba. Esa sensación de libertad, de velocidad, era justo lo que buscaba.

Aunque, claro, no iba a durar.

Las pisadas comenzaron a rodearme.

—¡Asvini, mejor ríndete! ¡No podrás ganarnos a todos! —la voz de Raimi no tardó en alcanzarme.

Solté una pequeña risa entre dientes.

—¡Mejor ustedes ríndanse!

No iba a dejar que me ganaran. Y menos trabajando en equipo.

—Niños, no vayan en contra de su hermana solo para dividirse la recompensa —escuché la voz de papá por el comunicador.

Rodé los ojos sin dejar de correr. Sabía perfectamente que estaban todos en mi contra. Llevaban semanas intentando ganarme en los entrenamientos, pero después de perder tantas veces, decidieron unirse. Claro, papá y Max no lo permitían del todo... pero aun así era divertido verlos intentarlo.

A lo lejos distinguí un árbol ancho, con el tronco lo suficientemente grueso como para escalarlo.

Altura.

Ventaja.

Tal vez ahí podría perderlos.

—Les queda medio kilómetro para terminar —avisó la voz de Max.

Solo medio kilómetro.

Sin pensarlo dos veces, me lancé hacia el árbol y comencé a escalar. Mis manos se aferraban a la corteza húmeda mientras impulsaba mi cuerpo hacia arriba con rapidez. Abajo, podía escuchar los gritos de mis hermanos intentando alcanzarme.

Pero no iba a detenerme.

No podía.

A lo lejos, el helicóptero se hacía visible, con Max dentro. Sonreí para mí misma.

Ya casi.

Ya podía sentir la victoria.

Pero aun así... algo no cuadraba.

Miré hacia abajo mientras seguía subiendo.

Uno.
Dos.
Tres.
Cuatro...

Fruncí el ceño.

Faltaba alguien.

Mireillen.

Claro.

Volteé de inmediato, y ahí estaba. Subiendo por el árbol como si no le costara nada, saltando entre ramas con una agilidad que me superaba por mucho.

No.

No iba a dejar que me alcanzara.

Tenía que bajar.

Rápido.

Mis ojos recorrieron el suelo hasta encontrar lo que necesitaba: una raíz gigante sobresaliendo del piso.

Perfecto.

Salté.

El impacto contra el suelo me sacudió, pero no me detuve. Empecé a correr otra vez, sintiendo la adrenalina recorrer todo mi cuerpo.

Detrás de mí, los gritos aumentaban.

Papá decía algo por el comunicador, pero apenas lo escuchaba.

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