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[Asvini]

Estaba sentada en la mesa del laboratorio mientras mi papá sacaba el kit de emergencias y se ponía guantes. El sonido del látex tensándose rompía el silencio incómodo del lugar.

—Papá, ya te dije... estoy bien —murmuré.

No me hizo caso. Se acercó a mí y comenzó a revisar mi espalda. Sus movimientos eran suaves, cuidadosos... pero en cuanto pasó por mi cicatriz, un dolor punzante recorrió toda mi columna.

Apreté los dientes.

No dije nada.

—Te duele, ¿no? —preguntó sin dejar de trabajar.

Antes de que pudiera responder, aplicó una pomada medicinal sobre la herida. El ardor fue inmediato, pero después... alivio. Lento, pero real.

—Te vas a quedar esta noche aquí —añadió—. Quiero monitorearte. Si todo está bien, mañana podrás dormir con tus hermanos.

Sentí un pequeño piquete en la espalda.

Medicina.

El cansancio empezó a caer sobre mí como una ola pesada.

Bajé de la mesa y caminé hasta la cama que estaba al fondo del laboratorio. Llevaba ahí desde el año pasado... desde el accidente.

Desde las pesadillas.

Me quedé mirándola unos segundos antes de acostarme.

Cuando levanté las cobijas, algo llamó mi atención.

Parpadeé.

—...¿Coco?

Ahí estaba.

El conejo de peluche.

Lo tomé con cuidado entre mis manos. Se sentía más pequeño... o tal vez yo ya no era la misma.

—Te recordaba más grande... —susurré.

Era extraño. Nostálgico.

Ese peluche había sido lo único que compartíamos cuando éramos pequeños. Cuando llorábamos. Cuando teníamos miedo.

—Spider lo encontró esta semana —dijo mi papá desde la puerta—. Quería dárselos hoy, pero... bueno.

Asentí levemente.

—Voy a dejar mi avatar con los demás —continuó—. En unos minutos despierto en mi cuerpo.

Hizo una pausa.

—Intenta dormir.

Su tono fue firme. Casi como una orden.

Luego se fue.

Dejé a Coco sobre la mesa y me acosté.

Mis párpados pesaban cada vez más.

El silencio del laboratorio... el frío... el cansancio...

Y entonces—

Oscuridad.

[...]

►Answering Machine- Ruby Haunt

Abrí los ojos y lo supe al instante. No. No, no, no... La nave. Otra vez. Todo era exactamente igual: el piso mojado, el aire frío pegándose a mi piel y ese silencio denso que parecía tragarse cualquier sonido. Intenté moverme, pero no pude. Mi cuerpo no respondía. Esta vez estaba sentada, recargada contra una pared metálica, atrapada dentro de mí misma.

Respiré rápido cuando los escuché. Voces. Al principio lejanas, pero cada vez más cerca. Una masculina... no, dos... y una femenina. Su acento era distinto. No eran del bosque. Mi corazón empezó a latir con fuerza mientras giraba la cabeza como podía, buscando de dónde venían.

Lost girlHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora