Lisoo

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Pov Lisa

Ya solo me faltaba un año para salir de ese infierno. Un año para dejar de ver a Jisoo y a sus estúpidos amigos. Ansiaba que el tiempo pasara lo más rápido posible, solo quería librarme de toda esa tortura.

- Y después él se puso muy raro... - Un leve golpe en mi hombro me sacó de mis pensamientos. - ¿Me estás escuchando? - preguntó Bangchan, con una ceja levantada y esa sonrisa medio divertida que siempre pone cuando me ve en las nubes.

- Lo siento, me perdí un poco. ¿Qué decías?

- Que Seungmin empezó a actuar rarísimo después de que le hablé a Hyunjin... - suspiró, haciendo un gesto dramático con las manos. - Creo que está celoso, ¿tú crees?

- No sé... tal vez. - me encogí de hombros. No estaba de humor para analizar dramas amorosos ajenos, no cuando sabía que la entrada principal estaba a punto de llenarse y ella podía aparecer en cualquier momento.

- Ey, ¿estás bien? Has estado rara toda la mañana. - Bangchan me miró más serio ahora, con ese tono protector que me recordaba a un hermano mayor.

Tragué saliva. - Pienso en los exámenes, eso es todo. - Mentí.

La verdad es que sentía el estómago revuelto. Cada día era lo mismo. Entrar a la escuela esperando no cruzármela. Fingir que no me dolía lo que decía de mí. Intentar parecer fuerte cuando en realidad solo quería desaparecer.

Y entonces vi a Jisoo, a lo lejos, caminando entre la gente, rodeada de sus amigos como siempre. Su cabello suelto, su mochila colgando de un solo hombro, y esa risa molesta que retumbaba en los pasillos como si fuera dueña del lugar. Y su mirada... Esa maldita mirada.

No me estaba hablando, ni tampoco me estaba insultando. Pero me estaba viendo. Como si supiera que la estaba observando. Como si le gustara ver mi temor.

Bajé la vista de inmediato y giré hacia las escaleras del otro pasillo.

- Tengo que ir a mi casillero. Te veo después. - dije rápido, alejándome sin darle oportunidad de responder.

Sentía su mirada en la nuca. Esta vez no me dijo nada y tampoco me siguió.

Me dirigí a mi casillero con el corazón golpeando en mi pecho, como si hubiera corrido una maratón. Odiaba que me pasara eso cada vez que la veía. Odiaba sentir que siempre estaba a punto de romperme.

Abrí la puerta metálica con torpeza, dejando que el aire frío del pasillo me calmara un poco. Me apoyé en la puerta, y cerré los ojos unos segundos y respiré hondo.

- ¡Lisaaa!

Esa voz sí que la reconocía. Sonreí sin pensarlo.

- Rosé...

Mi mejor amiga se acercó con una sonrisa que podía curar cualquier día malo. Su cabello rosa estaba recogido en dos trenzas flojas y llevaba su mochila colgando al frente como si fuera un peluche gigante.

- ¿Estás bien? Te ves pálida. ¿No desayunaste?

- No mucho... no tenía hambre. - mentí de nuevo, ya se me estaba haciendo rutina.

Rosé frunció los labios en señal de desaprobación.

- ¿Quieres que vayamos por algo a la cafetería? Todavía falta para el primer timbre.

- No, está bien. Ya me compré algo antes.

Me miró dudosa por un segundo, pero no insistió. Siempre había sido así conmigo desde que llegué aquí, siempre dulce, se preocupaba, pero sin presionar demasiado. A veces deseaba contarle todo... pero no podía. No sobre Jisoo. No sobre lo que pasaba cuando nadie miraba.

One - Shots | Blackpink Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora