No te escapes de mí | Chaelisa G!P

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En las sombras de la bulliciosa Seúl, donde las luces de neón parpadeaban como estrellas caídas y los rascacielos se erguían como guardianes impasibles, se desarrollaba una persecución que había capturado la imaginación de la policía y los bajos fondos por igual. La comandante Roseanne Park, una figura imponente en el Departamento de Crímenes Mayores, era conocida por su frialdad glacial y su dedicación inquebrantable al deber. Tenía una mirada que podía congelar el alma de cualquiera, Rosé había escalado rangos gracias a su inteligencia afilada y su instinto infalible. Su obsesión actual era Lalisa Manoban, la ladrona más escurridiza y audaz que la ciudad hubiera visto en décadas.

Lisa, por su parte, era el polo opuesto: una tormenta de coquetería y sarcasmo envuelta en un cuerpo ágil y curvilíneo. Sus ojos siempre destellaban con picardía y tenía una sonrisa que podía derretir acero, se había convertido en una leyenda urbana. Robaba joyas de museos, arte de galerías exclusivas y hasta secretos corporativos de las torres más seguras, siempre dejando una tarjeta burlona con un beso rojo impreso. Sus delitos acumulados - hurto mayor, fraude, evasión fiscal, y un sinfín de escapadas espectaculares. - la condenarían a cadena perpetua si alguna vez caía. Pero Lisa no robaba solo por dinero; lo hacía por la adrenalina, por el juego. Y, en secreto, por la comandante Rosé. Tenía un crush irracional con esa mujer fría que la perseguía sin descanso, y cada encuentro era una oportunidad para provocarla, para burlarse de su seriedad y ver si podía romper esa fachada de hielo. Además Lisa no era tan mala, a veces de lo que robaba se lo daba a personas que lo necesitaran.

Todo comenzó una noche de lluvia torrencial, cuando Rosé recibió el informe de un robo en el Museo Nacional de Arte Moderno. Una escultura invaluable de un artista contemporáneo había desaparecido, y las cámaras mostraban solo una silueta borrosa: Lisa, por supuesto. Rosé llegó al lugar con su equipo, el agua le chorreaba por su gabardina, y encontró la tarjeta habitual clavada en la pared vacía: "Me lo llevo prestado. Besos, L."

- Otra vez ella. - masculló Rosé, apretando los dientes. Su voz era baja y controlada, pero el fuego en sus ojos traicionaba su frustración. - Esta vez no escapará.

Días después, tras rastrear pistas a través de contactos en el submundo, Rosé tendió una trampa en una subasta privada de diamantes en Gangnam. Se disfrazó de compradora adinerada, su figura esbelta acentuada por un traje negro ajustado que ocultaba su arma al costado. El salón estaba lleno de millonarios y celebridades, pero Rosé solo tenía ojos para la puerta. Y allí apareció Lisa, vestida con un vestido rojo ceñido que abrazaba sus curvas como una segunda piel, tacones altos que resonaban como un desafío.

Lisa se movió entre la multitud con la gracia de una pantera, coqueteando con un camarero aquí, robando una copa de champán allá. Sus ojos se posaron en Rosé casi de inmediato, y una sonrisa traviesa curvó sus labios.

- Vaya, vaya, comandante Park. - susurró Lisa al acercarse, fingiendo sorpresa mientras se inclinaba lo suficiente para que su perfume invadiera el espacio de Rosé. - ¿Vienes a comprar joyas o a atraparme? Porque si es lo segundo, te advierto que soy muy resbaladiza.

Rosé la miró con desdén, su pulso acelerándose a pesar de sí misma. Lisa era exasperante: esa forma de inclinarse, de lamerse los labios con sarcasmo, de burlarse abiertamente.

- No seas ridícula, Manoban. Estás rodeada. Ríndete ahora y ahórrame el papeleo.

Lisa soltó una risita coqueta, extendiendo una mano para rozar el brazo de Rosé con fingida inocencia.

- Oh, comandante, siempre tan seria. ¿No te cansas de ser la mala del cuento? Mira, yo solo quiero un poco de diversión. Y tú... tú eres mi diversión favorita. ¿Sabías que sueño contigo persiguiéndome? Es casi romántico.

One - Shots | Blackpink Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora