Chaelisa | Jenlisa G!P (1/2)

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En una noche lluviosa de otoño en Seúl, el apartamento de Rosé estaba envuelto en un silencio roto solo por el tamborileo constante de la lluvia contra las ventanas.

Rosé, tenía treinta y tres años y una presencia que llenaba cualquier habitación, acababa de llegar de una larga sesión de grabación. Se quitó los tacones en la entrada con un suspiro cansado, dejando caer el abrigo sobre el respaldo de una silla. Llevaba un vestido negro ajustado que marcaba cada curva de su cuerpo delgado pero elegante, y su cabello rubio caía suelto sobre los hombros.

En el sofá, acurrucada bajo una manta, estaba Lisa. Tenía veintiún años, se caracterizaba por sus ojos grandes y expresivos que siempre parecían buscar aprobación, y un rostro que transmitía una dulzura casi infantil.

Había llegado hacía una hora, como solía hacer últimamente, con la excusa de "pasar un rato". Pero ambas sabían que no era solo eso. Lisa estaba perdidamente enamorada de Rosé desde hace meses, cada mirada, cada roce casual, cada palabra de Rosé la hacía sentir mariposas en el estómago. Para ella, estar cerca de esa mujer era como tocar el cielo, aunque supiera que Rosé no sentía lo mismo.

- ¿Otra vez aquí tan tarde? - preguntó Rosé al verla, con una sonrisa ladeada que no llegaba a ser cálida, pero tampoco fría. Era esa sonrisa calculada que usaba cuando quería algo.

Se acercó al sofá con pasos lentos, descalza, y se sentó a su lado sin pedir permiso. Lisa se incorporó un poco, sonrojada, jugueteando con el borde de la manta.

- Sí... es que no podía dormir. Pensé que quizás... podrías necesitar compañía después del estudio. - Su voz era suave, casi un susurro, y sus ojos no se atrevían a sostener la mirada de Rosé por mucho tiempo.

Rosé soltó una risa baja, extendiendo una mano para apartar un mechón de cabello negro del rostro de Lisa.

- Qué considerada eres siempre, Lili.

Sus dedos se detuvieron en la mejilla de la menor, acariciándola con una lentitud deliberada. Sabía exactamente el efecto que tenía sobre ella.

Lisa se estremeció al toque, mordiéndose el labio inferior.

- No es nada... solo quería verte. - murmuró Lisa, sentía su corazón latiendo tan fuerte que temía que Rosé lo oyera.

Para ella, estos momentos eran todo... poder estar cerca, sentir el perfume sutil de Rosé, imaginar por un segundo que quizás, algún día, ella también podría corresponderle.

Rosé se inclinó más cerca, su aliento cálido rozando la oreja de Lisa. - Pues ya me viste. ¿Y ahora qué? ¿Vas a quedarte ahí sentada toda la noche mirándome como un cachorrito?

Su tono era juguetón, pero con un filo dominante que hacía que Lisa se sintiera pequeña, expuesta.

Lisa tragó saliva, sintiendo cómo el calor comenzaba a subir por su cuerpo. Bajo los shorts holgados que llevaba puestos, su miembro ya empezaba a reaccionar ante la proximidad de Rosé. Siempre era así: su cuerpo la traicionaba, respondía a ella sin permiso.

- Lo que tú quieras... estoy aquí para lo que necesites. - respondió bajando la mirada.

Rosé sonrió satisfecha. Le encantaba esa respuesta inmediata, esa entrega total sin necesidad de pedirla dos veces. Se levantó del sofá y extendió la mano.

- Ven. Estoy tensa después del día... ayúdame a relajarme.

Lisa tomó su mano sin dudar, dejándose guiar hacia el dormitorio. En el cuarto estaba iluminado tenuemente por una lámpara de mesa, y la cama king size dominaba el espacio. Rosé se sentó en el borde, abriendo ligeramente las piernas.

One - Shots | Blackpink Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora