Su madre se había ido de viaje, sin embargo no se sentía completamente solo si tenía al alfa a su lado, una sonrisa se deslizó de sus labios al sentir pequeños besos en su hombro, constan miró atento por la ventana, el cielo estaba oscurecido, la Luna resplandeciente era lo que más se veía. Iluminaba ese bosque que estaba frente a su hogar.
Nunca había visto una así.
Cerró sus ojos sintiendo ese calor en su cuerpo y miró hacia el alfa tragando saliva.
La luna llena iluminaba el bosque con un brillo plateado que parecía casi mágico, proyectando sombras danzantes sobre los árboles y el suelo cubierto de hojas. El aire estaba cargado de un aroma intenso, casi embriagador, que hacía que la piel de Constan se erizara y el corazón le latiera con fuerza. Su respiración era rápida y temblorosa mientras se aferraba a Ashton, sintiendo cómo el calor de su cuerpo parecía absorberlo por completo.
—Ashton —murmuró el omega, su voz apenas un hilo—. Me siento… caliente…
El alfa inclinó la cabeza y colocó la frente contra la de Constan, sus ojos brillando con la intensidad de la luna. Sintió cómo el cuerpo del omega estaba realmente hirviendo, cómo cada fibra de su ser reaccionaba instintivamente a su cercanía.
Algo confundido creyendo que el chico sabía muy bien que era esa luna y porque no había dudado estar con él esa noche.
—Hoy es la noche de apareamiento —susurró Ashton—. Es muy común por aquí. — Continuó cuando vió su rostro confundido.
Constan frunció el ceño, incrédulo, dejando que su mirada se perdiera entre las sombras del bosque.
—Eso es una locura… en Italia no había algo así —dijo, con un hilo de asombro en la voz.
Ashton sonrió, bajando suavemente la mano hasta la cintura de Constan, sintiendo cómo el cuerpo del omega reaccionaba a su roce con un temblor instintivo.
Parecía en celo.
—Aquí es distinto —dijo—. Es una noche loca de sexo desenfrenado, aunque ya casi no se practica. Tomamos medicación para sobrellevar los síntomas de la Luna si no podemos permitirnos caer en la urgencia completa.
Constan tragó saliva, notando cómo su cuerpo se agitaba más con cada palabra. Cada susurro de Ashton, cada roce, parecía despertar recuerdos en su interior, ecos de vidas pasadas que se mezclaban con la pasión del presente.
—Síntomas de la Luna… —repitió Constan—. ¿Cómo se sienten exactamente?
Ashton lo miró con intensidad, sus ojos reflejando la luz plateada y un conocimiento antiguo:
—La Luna de Sexo despierta los instintos más primarios de los omegas. Calor, urgencia, feromonas desbordadas… la sensación de que el cuerpo te exige entregarte sin control. —Sus dedos se deslizaron por el brazo de Constan, provocando que el omega se estremeciera—. A veces los omega pierden la capacidad de resistirse, y los alfas sienten un impulso igual de intenso de reclamar y proteger.
Constan cerró los ojos, arqueando la espalda al sentir cómo cada palabra, cada contacto, lo encendía aún más.
—Entonces… los síntomas pueden ser tan fuertes que… —dudó, la voz temblando—… que no se pueda controlar nada.
Ashton asintió, bajando la frente al cuello de Constan, inhalando su aroma con la calma que solo un alfa experimentado podía mostrar en medio de la tormenta hormonal.
—Exactamente. Por eso ya casi no se practica —susurró—. La mayoría toma medicación para contener la urgencia. Antes, en las manadas antiguas, esta noche era sagrada. La unión no solo era física, sino espiritual. Los líderes elegían cuidadosamente a sus omegas, junto a sus Aless y omegas, y toda la manada participaba en un ritual de sincronización bajo la Luna, que marcaba la fertilidad, el vínculo y la fuerza de la manada.
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Wolf growl [2]
Random¿Hasta donde llegaríamos juntos? ©Prohibida copia. Segunda parte de Tiger Roar.
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