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El Omega soltó un gemido tembloroso, asustado, y de inmediato se cubrió el rostro con ambas manos. Apenas había logrado ver el profundo rasguño en su cuello — la inconfundible marca de unos colmillos de alfa — cuando el pánico simplemente lo invadió.
Le ardió la piel, el mordisco seguía ahí, y en un acto instintivo llevó una mano temblorosa a tapar aquella zona, completamente aterrado justo en el momento en que escuchó cómo la puerta del baño se abría detrás de él.

Ashton entró, y aunque trató de mostrarse sereno, tenía el rostro tan pálido y tenso como el suyo.

—M-mamá te va… —Constan no fue capaz de terminar la frase de inmediato, el corazón se le encogió.— Te va a asesinar — logró decir finalmente, mirándolo con los ojos muy abiertos. —Marcaste a su hijo… de casi 18 años, Ashton.

El alfa apretó los labios, cerrando sus ojos con fuerza como si también intentara escapar del caos en su mente. No había tenido intención de hacerlo, ni siquiera recordaba haber perdido el control, solo esa imagen borrosa del Omega entre sus brazos, perdido en el placer junto a el, el nudo, el calor.

Y el sabor… el sabor metálico de la sangre en su lengua todavía seguía allí.

Podía sentirla, húmeda y cálida, impregnada en cada rincón de su boca.
Se estremeció, con el estómago contraído por la culpa.

—T- tranquilo… —murmuró al fin, intentando sonar firme aunque su voz temblaba como si estuviese a punto de quebrarse—. Yo me haré responsable… me haré responsable de lo que hice.

Constan ni siquiera respondió. Se apoyó débilmente en la pared, y su cuerpo se deslizó poco a poco hacia abajo, hasta terminar sentado en el suelo, con las rodillas pegadas al pecho. No quería llorar. No podía. Pero el miedo lo estaba ahogando.

—Ahora… —tragó saliva, sintiendo que cada palabra pesaba toneladas—… ahora todos en la escuela van a decir que tenían razón… que solo te atrapé… que… que hice todo para obligarte a quedarte conmigo.

Se cubrió la boca para no sollozar y bajó aún más la mirada.
—¿Y qué falta…? ¿Que… que… —su voz se quebró— …que termine preñado también?

El silencio que siguió fue tan denso que parecía aplastar el aire entre los dos.
Ashton no pudo moverse, apenas respiraba.
La pregunta quedó suspendida un largo segundo…
y, de repente, el miedo de ambos adoptó un nombre nuevo.

¿…Será?

Ashton no se movió durante unos segundos. Se quedó de pie frente a él, observando cómo el Omega se hacía cada vez más pequeño en el suelo, encogiéndose como si quisiera desaparecer en ese rincón del baño.

El aire que había entre ellos era tan denso que incluso respirar dolía.

Pero Ashton dio un paso.
Luego otro. Finalmente se acercó al chico, la duda, el terror cubria su rostro,

Eran jóvenes.

Y al parecer ya la habían cagado y muy duro.

Se arrodilló con cuidado frente a Constan, y sin tocarlo todavía —por miedo a asustarlo más— le habló en un tono tan bajo y suave que casi sonó como una caricia.

—Escúchame… —murmuró con la voz apenas audible— No me atrapaste. No fue eso… Y nadie tiene derecho a decirlo.

Constan presionó aún más sus rodillas contra el pecho, como si quisiera protegerse de algo invisible. No tenía fuerzas para mirarlo, pero sus labios temblaron.

Ashton tragó saliva. Su corazón latía con violencia, pero aún así, con toda la serenidad que fue capaz de reunir, acercó lentamente su mano al rostro del Omega.

—¿Puedo…? —susurró, sin terminar la frase, esperando alguna señal.

Constan no respondió con palabras, pero después de un instante de duda, asintió muy despacio, sin atreverse a levantar la mirada.

El alfa entonces colocó con cuidado su mano sobre la mejilla caliente del Omega. Su pulgar le rozó la piel, temblando apenas, como si también le costara mantenerse firme.

—Te juro que nunca quise hacerte daño —confesó, con la voz rota pero dulce—. Fue mi culpa perder el control… pero lo que siento por ti es verdadero, cons.. Esto.. Esto supongo que es más común en destinados...

Constan apretó los labios, respirando con dificultad. Aquella mano en su piel era lo único que le daba un poco de estabilidad en medio de la tormenta.
Pero el miedo seguía ahí, atenazándolo.

—Ashton… —susurró, casi sin voz— …¿y si… si en verdad… pasa? No hemos terminado ni la escuela y-y.. ¿Como podríamos darle algo a un bebé?

El alfa entendió de inmediato a qué se refería; un escalofrío le recorrió la espalda. La duda que antes era apenas un pensamiento fugaz se había convertido en una posibilidad real. Lo sintió en el estómago… como una sacudida.

Aun así, suavizó su mirada y acercó su frente a la de Constan, sin apartar la mano de su mejilla.

—Entonces… —susurró con una firmeza sorprendentemente tierna— estaré contigo. Pase lo que pase. No pienso dejarte solo. Es mío también. Yo también contribui en ello.

Sus voces quedaron suspendidas entre ellos. Por un segundo, Constan creyó que sus piernas iban a fallarle. Cerró los ojos, y por primera vez desde que lo mordió, dejó que su cuerpo se inclinara hacia el alfa.

Ashton lo atrapó con sus brazos enseguida, como si temiera que se rompiera en mil pedazos. Lo estrechó despacio, con respiraciones lentas, calmadas, tratando de transmitirle esa seguridad que él mismo necesitaba.

Y en medio de ese abrazo silencioso, la duda seguía alli, tan pequeña, furtiva.

Insistente.

¿Y si en verdad…?

El Omega cerró sus ojos recordando todas esas veces que se entregó al chico, cuantas veces tuvieron sexo, cuantas veces omitieron un condón y lo anudó.




Wolf growl [2]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora