Constan estaba nervioso, sus mejillas rojas,demsdisdo calientes como una fiebre, como un celo, 3 días habían pasado, tres días de que estaba marcado, sentía la ansiedad a niveles increíblemente altos, el omega apenas y podía contener gemidos de llamado.
Constan llevaba tres días marcado. Y juraba que no iba s sobrevivir.
Tres días desde que la piel de su cuello ardió bajo los colmillos de Ashton y el mundo cambió de forma irreversible.
Tres días intentando actuar normal.
No lo estaba logrando.
Esa mañana despertó antes de que sonara la alarma. El cuerpo le dolía de una forma extraña, no como cuando había pasado la noche llorando, sino como si algo dentro de él estuviera reajustándose. Su pulso latía con fuerza en la base del cuello, justo donde la marca seguía roja, ligeramente inflamada, viva.
Sentía el llamado.
No era algo que pudiera explicar con palabras. Era una presión dulce y desesperante en el pecho. Una necesidad física de estar cerca de Ashton. De tocarlo. De inhalarlo. De asegurarse de que seguía ahí. Que estaba con el necesitaba sus brazos, su olor, todo.
Sus mejillas estaban encendidas.
Tres días habían pasado. Tres donde está aterrado.
Tres días desde que acordaron que nadie debía saberlo. (Por ahora aya que si, tenían miedo de las consecuencias con los adultos)
Tres días en los que Constan no había logrado pensar con claridad ni un solo minuto.
Se removió en la cama, apretando las sábanas entre los dedos. Un gemido bajo escapó de su garganta sin que pudiera contenerlo. Era suave, pero cargado de ansiedad.
Un llamado. Había llamado de forma involuntaria a Ashton.
—Constan, levántate, hijo. Se te hará tarde para la escuela.— La voz de su madre lo atravesó como un recordatorio brutal de la realidad.
—Sí, mamá… —respondió, aunque su voz salió más ronca de lo normal. Temblando en la cama, no había ni dormido bien, o comido.
Se incorporó con cuidado, pero el movimiento le provocó un leve mareo. Se llevó la mano a la frente, frunciendo el ceño.
«Debe ser por no dormir», pensó. Pero sabía que posiblemente era ese mordisco.
No consideró otra cosa.
No quería considerarla. No ahora.
Se puso de pie, tambaleándose apenas. Su mano viajó de forma automática a su cuello. La marca estaba ahí. Más definida que el primer día. Roja, profunda… y en la orilla empezaban a dibujarse pequeñas líneas plateadas, como símbolos finísimos que parecían latir bajo la piel, sabía que eso ers solo en parejas destinadas.
Unión.
Destino.
El estómago le dio un vuelco.
Se obligó a mirarse al espejo mientras se arreglaba. Ojeras marcadas. Labios pálidos. Una sensibilidad rara en el pecho que no sabía explicar. Quería llorar. Se abotonó la camisa del uniforme hasta arriba, pero aun así la marca se alcanzaba a ver.
Bufó con frustración.
Buscó una bufanda delgada y la enrolló con cuidado alrededor del cuello.
—¿No tienes calor para eso? —preguntó su madre desde el marco de la puerta, mirándolo con curiosidad.
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Wolf growl [2]
عشوائي¿Hasta donde llegaríamos juntos? ©Prohibida copia. Segunda parte de Tiger Roar.
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