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El aire aún estaba cargado cuando ambos se quedaron recostados en el sofá, jadeando, con la piel brillante de sudor y las respiraciones intentando encontrar un ritmo normal. Ashton estaba medio sobre Constan, besándole perezosamente el cuello, como si no pudiera separarse todavía.

—No hemos terminado —susurró con la voz grave, casi un gruñido, constan sonrió, todavía recuperándose.

Su propio pulso se agitó  fue como si el deseo que tenía se hubiera desbordado apenas había tocado a el chico. Pero sin embargo sabía que su madre podría escuchar si seguían.

Estaría castigado de seguro.

—No podemos… —dijo con un tono que sonaba más a deseo que a negativa—. Mi madre… está aquí arriba...

Ashton levantó la cabeza, con esa media sonrisa peligrosa.
—¿Dónde? Si hace unos momentos estabas gimiendo por tenerme adentro.  —El Omega dudó —Entonces vamos a tu cuarto… —propuso sin dejar lugar a discusión, y se incorporó, tomándolo de la muñeca para obligarlo a levantarse.

Constan trató de decir algo, pero el Alfa lo atrajo para besarlo de nuevo, un beso lento y húmedo que borró cualquier objeción.

—No vamos a ser ruidosos —susurró Ashton contra su boca—. Te lo prometo, aunque no puedo prometer que no te tiemblen las piernas después.

El chico se rió muy bajo, agradecido de que al menos se habían puesto de nuevo la ropa, para evitar que su madre los agarrara en pleno acto.

La caminata hasta la habitación fue rápida y en silencio. La casa estaba en un silencio aterrador y cada paso era un recordatorio del riesgo. El corazón de Constan latía con fuerza, no solo por lo que acababan de hacer, sino por lo que iban a repetir con su madre a pocos metros.

Amaba a su madre, pero su instinto estaba a punto de romperlo.

Entraron y cerraron la puerta con cuidado. Ashton lo arrinconó contra la madera de la puerta, sus manos volviendo a recorrer su cuerpo con ansias, sus olores se mezclaron nuevamente.

Eran jóvenes, un poco inexpertos, faltarían un par de años incluso para que sus propias glándulas de olor se desarrollen como de un adulto.

—Ya no tienes excusa para gritar —susurró con malicia—. Así que vas a morderme si no puedes aguantarlo o vas a morder una almohada.

Constan sonrió, casi en un reto y se inclinó un poco más, sintiendo el calor alojarse en su cuerpo y la humedad presentarse en su agujero húmedo.

—Podría morderte fuerte.
—Podrías… —dijo él, inclinándose para rozar su oreja—. Y me encantaría.

Lo besó con más hambre, sus cuerpos pegándose de inmediato. Las manos del Alfa bajaron hasta el trasero de Constan, apretándolo con descaro, mientras lo levantaba para que rodeara su cintura. Lo llevó así hasta la cama, dejándolo caer sobre las sábanas con cuidado pero sin perder el control de la situación.

—Quita la camiseta —ordenó en un susurro.

Constan obedeció, sin apartar la mirada de él. Ashton hizo lo mismo, revelando su torso firme, y se inclinó para besarle el pecho, dejando pequeños mordiscos y lamidas que el Omega tuvo que morderse el labio para no vocalizar. Estaba sensible, ya había torturado su cuerpo minutos atrás.

—Más silencioso… —le recordó Ashton, aunque su propia respiración empezaba a ser un problema.

Sus manos se colaron bajo la tela de los pantalones de Constan, bajándolos lentamente, disfrutando de cada centímetro expuesto. El Alfa volvió a mirarlo, sonriendo de lado.

Wolf growl [2]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora