El Omega se quedó quieto, sus mejillas estaban rojas y observó a su alrededor, cuidando de no ver señal pronta de su madre, mordió sus labios lentamente y apretó sus muslos un momento alzando la vista hacia el alfa después.
—Ya se fue.
Ashton sonrió, leve, casi malicioso.
—Lo sé.
Y constan no dudó en subir sobre sus piernas, recargó sus rodillas a cada extremo del alfa quitando ese cojín, ahogó un pequeño gemido sintiendo su respiración agitada, sintió esas manos por su cuerpo, colarse bajo su camiseta y se sonrojó de inmediato al mirarlo, pasando saliva nervioso.
—Hueles increíble.. — susurró, el alfa sonrió de lado y acarició su cadera con sus manos, mordiendo su boca segundos después al ver que se levantó de sus piernas, bajó su propia vista a su entrepierna, el bulto estaba apretado en su ropa interior y su pantalón.
Se observaron en silencio, pareciera que estaban haciendo algo prohibido.
Eso les hizo sentir más deseo.
El lobezno tomó su mano levantandolo, escuchando caer esa libreta y dió un salto, mirando hacia ese lugar, se acercó después al alfa, acariciando su pecho, se sentía tibio y firme.
Era su alfa.
Era su alma destinada.
Se sonrojó. ¿En su otra vida también sentía tanto deseo por su alma gemela?
Mordió su boca al sentir ese agarre en su cintura y estiró su cuello abriendo su boca en un temblor, jurando que gemiria por esa mordida en su carne. Su glándula tembló y expulsó su olor apenas sintió eso.
Se dejó llevar, de un momento a otro estaba de nuevo en el sofá, su espalda se presionó en la superficie y jadeó un poco al ver al alfa de esa forma, sus pómulos se pusieron calientes.
—Nos va a descubrir tu madre... - susurró y el Omega rió tomándolo del cuello.
—No si nos quedamos en silencio. — Tragó pesado, sintiendo ese agarre más fuerte en su cadera y siseó tomando un poco de la camiseta ajena atrayendolo.
Su boca se encontró con la ajena.
Constan no recordaba la última vez que había sentido tanta presión en el pecho, esa mezcla sofocante de ansiedad y deseo. El aire entre él y Ashton estaba saturado, casi eléctrico. El Alfa estaba tan cerca que podía percibir el calor de su respiración rozándole el rostro, ese olor inconfundible, denso y dominante, que hacía que sus músculos se tensaran y su pulso se desbocara.
Ashton lo observaba como si fuera un reto… o una presa. Su mirada, oscura y fija, no se apartaba ni un segundo de los labios entreabiertos de Constan.
—Mírame —ordenó en un susurro grave, cargado de autoridad—. Constan obedeció, aunque todo en él gritaba que apartar la vista sería más seguro. Pero no había nada seguro en estar frente a Ashton.
El Alfa inclinó la cabeza, atrapándolo por la nuca con una mano firme, y lo besó. No fue un roce tímido, sino un choque de bocas lleno de hambre. Los labios de Ashton se movían con precisión reclamando territorio, empujando hasta que Constan cedió y abrió la boca, recibiendo la lengua cálida que se abrió paso sin pedir permiso.
Constan soltó un gemido ahogado contra su boca, y Ashton aprovechó para intensificar el beso, moviéndose como si quisiera memorizar cada rincón, cada sabor. Sus dedos se hundieron en el cabello del Omega, tirando ligeramente para obligarlo a inclinar la cabeza hacia atrás, profundizando el contacto.
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Wolf growl [2]
Aléatoire¿Hasta donde llegaríamos juntos? ©Prohibida copia. Segunda parte de Tiger Roar.
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