La vida de tn comenzó en un entorno que, a primera vista, podía confundirse con un hogar feliz. Su madre era joven, risueña, de voz suave; su padre, aunque no siempre presente, parecía alguien fuerte en quien confiar. Pero la apariencia nunca fue suficiente para ocultar lo que pasaba detrás de esas paredes.
Desde los cinco años, tn ya entendía lo que era el miedo. Había noches en las que el sonido de los gritos sustituía a las canciones de cuna, en las que los golpes de la mesa, las botellas rompiéndose y los portazos la hacían encogerse en un rincón con su muñeca vieja, cubriéndose los oídos para no escuchar. La figura de su padre, con un carácter violento, llenaba cada rincón de la casa como una sombra sofocante. Su madre intentaba protegerla, interponiéndose entre él y la pequeña, pero las cicatrices que llevaba en los brazos y el cansancio en los ojos contaban historias que tn aún no podía entender del todo.
Una noche cambió todo.
La niña tenía apenas seis años. La lluvia golpeaba el techo como si el cielo mismo llorara, y en la casa el ambiente era más pesado que nunca. El padre, borracho, estalló en un arranque de furia tan intenso que terminó empujando a su madre contra la pared con tal violencia que el golpe resonó como un trueno. tn, escondida en el pasillo, vio todo. Vio a su madre derrumbarse y, con un hilo de voz poniéndose los ojos blancos, suplicarle a su hija:
Madre:Corre… corre...
La pequeña lo hizo. Descalza, con los pies fríos y las lágrimas quemándole los ojos, salió corriendo bajo la tormenta. No sabía adónde ir, solo quería huir. Atrás quedaron los gritos, el olor metálico de la sangre y esa imagen que jamás se borraría de su memoria: la de su madre, inmóvil en el suelo y esos ojos que se ponían blancos.
La policía llegó esa noche, vecinos preocupados llamaron. Pero para tn, todo lo que siguió fue una bruma. Entre luces rojas y azules de sirenas, voces desconocidas que preguntaban su nombre, y brazos extraños que la sacaban de la casa, algo se rompió dentro de ella.
Su madre no volvió. Su padre desapareció, arrastrado por la justicia o tal vez por la fuga. Y la niña de apenas seis años quedó sola en el mundo.
El orfanato
La llevaron a un orfanato. Alli era grande y los cuidadores eran amables intentaban que ella se pondría cómoda y los niños que todavía tenían la inocencia intacta, que jugaban con muñecos de papel, que se reían por tonterías.
tn, en cambio, había cambiado. Su corazón se había endurecido. No lloraba delante de nadie. Su mirada seria, siempre fija en un punto, hacía que los demás pensaran que estaba enojada o que no quería estar cerca. En realidad, no sabía cómo mostrar lo que sentía. El dolor se había vuelto tan grande que era más fácil esconderlo detrás de una coraza.
Cuando algún niño se caía y lloraba, ella era la primera en ayudarlo a levantarse, aunque lo hiciera con brusquedad.
Tn:Ya, deja de llorar. No sirve de nada
decía con tono seco, pero luego le daba su pañuelo o compartía un trozo de pan.
La ternura en ella existía, pero disfrazada de dureza. Quería proteger a esos niños, porque los veía demasiado frágiles, demasiado parecidos a la versión de ella que una vez fue.
Fue allí donde lo conoció: Umemiya
X:Hajime no vas a comer?
X2:te duele la barriga?
X3:te duele?
X4: si no te lo vas a comer me lo comeré yo! Hey!
Yuuki:tú ya comiste
Yuuki shitara era miembro de staff del hogar de recogida de Hajime
Yuuki: así que a Hajime no le gusta el omurice,que te gusta?... Después de todo yo soy de cerveza y pollo frito
