...Los primeros días de la escapada fueron como un sueño. Se alojaron en una cabaña rústica en medio de las montañas, rodeados de árboles y ríos. Mew se esforzaba por ser el novio que Gulf merecía: le cocinaba el desayuno, lo llevaba a pasear por los senderos, le contaba historias divertidas para hacerlo reír. Gulf respondía con sonrisas tímidas y abrazos suaves, pero Mew sentía que algo faltaba.
Una noche, después de cenar, estaban sentados junto a la chimenea, envueltos en una manta. El silencio era cómodo, pero Mew sabía que tenían que hablar.
—Gulf —empezó, tomando su mano—, sé que te prometí que haría todo para disculparme, pero...
Gulf lo interrumpió, poniendo un dedo sobre sus labios. —"No tienes que disculparte, Mew. Ya hiciste mucho por mí. Me trajiste aquí, me cuidaste, me hiciste sentir amado."
—Pero no es suficiente, verdad? —dijo Mew, con los ojos llenos de tristeza. —Sé que todavía estás herido, que desconfías de mí, que no me crees cuando te digo que te amo.
Gulf bajó la mirada, sin decir nada. Mew suspiró y continuó: —Y tienes razón. No te merezco. Soy un cobarde, un mentiroso, un egoísta. Te hice creer que te amaba, pero en realidad solo estaba proyectando mis propios miedos e inseguridades en ti.
—"Eso no es cierto" —replicó Gulf, con voz temblorosa. —"Tú sí me amas, Mew. Lo sé. Lo siento."
—Tal vez —dijo Mew—. Pero mi amor no es suficiente para hacerte feliz. Te mereces a alguien que te ame bien, que te ponga primero, que te dé la estabilidad y la seguridad que yo no puedo ofrecerte.
Gulf empezó a llorar, silenciosamente, con lágrimas que le recorrían las mejillas. Mew se acercó y lo abrazó con fuerza, sintiendo cómo su corazón se rompía en mil pedazos.
—Lo siento mucho, Gulf —susurró—. Lo siento por todo el daño que te causé. Lo único que quiero es que seas feliz, aunque eso signifique que tengamos que separarnos.
Gulf se separó de Mew y lo miró a los ojos, con una mezcla de tristeza y resignación. —"Entonces, qué vas a hacer?" —preguntó.
—Voy a dejarte ir —respondió Mew, con la voz temblorosa—. Voy a volver a la ciudad y enfrentar mis problemas, sin arrastrarte conmigo al abismo. Voy a buscar ayuda profesional para superar mis miedos y mis inseguridades. Y voy a dejar que sigas tu camino, con la esperanza de que encuentres a alguien que te ame como te mereces.
Gulf asintió, con lágrimas en los ojos. —Y yo qué voy a hacer? —preguntó.
—Vas a ser feliz —respondió Mew, acariciando su mejilla—. Vas a seguir tus sueños, vas a encontrar a alguien que te ame bien, vas a vivir la vida que te mereces. Y aunque me duela, voy a estar feliz por ti.
Se abrazaron de nuevo, llorando juntos, sintiendo el peso de la despedida. Esa noche, durmieron abrazados, sabiendo que era la última vez.
Al día siguiente, Mew llevó a Gulf de vuelta a la ciudad y lo dejó en la puerta de su casa. Se despidieron con un beso suave y silencioso, sin promesas ni reproches. Mew se alejó, con el corazón destrozado, sabiendo que había hecho lo correcto, aunque le doliera más que cualquier cosa en el mundo.
Gulf entró en su casa, sintiéndose vacío y perdido. Se sentó en el sofá y lloró hasta quedarse dormido. Cuando despertó, sintió que algo había cambiado. Ya no sentía rabia ni rencor, solo una profunda tristeza y una sensación de liberación. Había aceptado que Mew no era el hombre para él, y que merecía encontrar a alguien que lo amara bien.
Tomó su celular y le envió un mensaje a Mew: “Gracias por todo. Te deseo lo mejor.”. Luego, apagó el celular y se dispuso a empezar de nuevo.
Los días siguientes fueron difíciles. Gulf extrañaba a Mew, extrañaba su compañía, extrañaba su amor. Pero se mantuvo firme en su decisión de seguir adelante. Se enfocó en su trabajo, en sus amigos, en sus hobbies. Poco a poco, empezó a sanar.
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Beautiful Silence
RomanceGulf Tenía una pequeña pero no grave condición, sus cuerdas vocales no estaban bien desarrolladas, por lo cual desde muy pequeño el no emitía ningún sonido. Carecía del habla. Escritor de novelas y guiones de Obras. Mew era un producto y manager q...
