Mateo
No podía dejar de mirar su rostro mientras corría. Cada paso era un recordatorio de lo frágil que estaba, de lo cerca que había estado de perderla… otra vez.
Su cuerpo colgaba de mis brazos con un peso que no era físico, sino cargado de años de culpa y miedo.
—Aguanta… no voy a dejar que te pase nada —susurré, más para mí que para ella. La presión de su cabeza contra mi pecho me hacía consciente de cada latido, de cada respiración que luchaba por mantenerse.
El río quedó atrás, y el bosque parecía cerrarse a nuestro alrededor. Mis pies tropezaban con raíces, con piedras, con todo lo que podía, pero no me importaba. Solo importaba ella. Cada segundo contaba.
—Mateo… —una voz conocida interrumpió mi carrera.
Joshua apareció entre los árboles, con esa calma que siempre parecía desmentir la urgencia del momento—. ¿Qué sucede?
—Ayúdame con esto —gruñí, sin detenerme—. No puede quedarse así. Está desmayada.
Joshua asintió, y mientras nos abríamos camino, apenas pude escuchar sus palabras de preocupación mezcladas con órdenes para estabilizarla.
Su presencia era un alivio y una tensión al mismo tiempo. Cada paso que daba temía que algo más pudiera fallar.
Sus brazos temblaban en mis manos, su respiración era irregular. Podía sentir que cada instante era un equilibrio frágil entre la vida y la nada.
Mis pensamientos se dispersaban, pero uno se mantenía firme: no podía perderla otra vez.
—Casi estamos… —susurré, aunque no había nadie que me escuchara—. Respira… por favor.
La carretera apareció frente a nosotros, las luces del hospital a lo lejos como un faro de urgencia. Sus dedos colgaban de mis brazos como ramas secas, pero había algo en su postura que me decía que aún estaba ahí, con vida, todavía aferrada a nosotros.
Joshua me miró mientras cruzábamos una intersección. Sus ojos reflejaban miedo, pero también confianza en que no dejaríamos que nada más sucediera.
—Mateo, ¿qué…? —comenzó a preguntar, pero no pude detenerme para responder. Solo debía concentrarme en el hospital.
Cada minuto era un recordatorio de que ella podía desvanecerse otra vez en cualquier momento. La sujetaba firme, asegurándome de que no resbalara, de que nada pudiera separarnos.
Cuando finalmente llegamos, el equipo de emergencia ya estaba preparado. Yo apenas podía hablar; mis palabras salían atropelladas, mis manos temblando mientras la colocaban sobre la camilla.
Joshua estaba a mi lado, pero el mundo entero se redujo a ella, a cada respiración que ahora parecía más estable.
—Mantén la calma —me dijo Joshua—. Está en buenas manos.Asentí, aunque mi mente estaba en caos.
Me senté en la silla cercana, observando cada movimiento, cada gesto de los médicos. Mi corazón seguía martillando en mi pecho, no solo por el miedo a perderla, sino por la posibilidad de que estuviera aquí, frente a mí, y aún así no recordara nada.
El eco del río seguía retumbando en mi mente, mezclado con el sonido del monitor, los pasos apresurados del personal, y mi propia respiración. No podía tocarla, no podía hablarle, pero cada fibra de mi ser estaba concentrada en ella.
—Respira, Scarlet… aguanta —susurré, sin saber por qué su nombre salió de mis labios. Era un impulso, un latido de reconocimiento que mi mente no se atrevía a analizar.
Solo sabía que no podía perderla otra vez.
Y mientras me quedaba allí, observando, una parte de mí juró en silencio que, ocurriera lo que ocurriera, la protegería. Aunque no recordara nada, aunque no supiera quién era, yo no dejaría que nadie más volviera a arrebatármela.
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Mi Mate ¿La Omega? [Editando]
RandomAlexa una chica de 17 años ala cual abandonaron en la manada red moon para salvarla y desde que a crecido siempre a sido rechazada por ser supuestamente una "omega"pero ella tiene a su mejor amigo llamado wiliam que siempre a estado con ella apesa...
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