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Halsey.

No paro de correr y correr, no importa que no sepa donde voy... lo que sé es que no quiero volver.
Tengo miedo, mucho miedo de que venga detrás de mi, espero que no... llevo una hora corriendo sin parar, he pasado 3 pueblos más allá del mío y no puedo más, pero sé que no debo parar... todavía.

Media hora más tarde, siento que el pecho va a estallarme y que mi cabeza va a enloquecer si no paro ahora. Me apoyo en un árbol grande que pertence al jardín de alguien. Dejo caer mi cuerpo al césped húmedo y frío mientras la oscuridad me arrastra, como siempre hace. Y yo como siempre... no impido que lo haga, es mejor así. Siempre que me ha pegado ha sido así, entro en un estado de shock hasta que me duermo, y en ese proceso, en mi mente solo se repite, lenta y dolorosamente todas las palizas anteriores.

Casi no puedo respirar cuando siento que alguien toca mi hombro, es él.

-¡No por favor, por favor... no! ¡No puedo más, por favor! No, no, no...-digo gritando, presa del pánico.

-Hey, tranquila chica. No te voy a hacer nada.

-No, déjame por favor...-no puedo oir nada, solo sus pasos aproximandose hacia mi.

-Oye, mírame...

Alguien me levanta la cara suavemente, pero no sé quién, veo mal, no paro de mirar hacia los lados pensando en que vendra en cualquier momento.

-¡NO!- Grito, y de repente como si el mismísimo diablo acabara de salir de mi cuerpo me levanto de un salto y le veo.

-¿Estás... bien?- dice desconcertado. Supongo que nunca habrá visto a una loca salir de estado de shock.

-Sí... muy bien.-miento descaradamente, e intento sonreirle, pero el intento me sale caro y ahora me duele toda la cara.

-Escucha... hum... no sé, no sé como reaccionar ante una situación así... debes ir a un hospital- dice con un tono que no consigo entender.

-No, no puedo... no debo.-digo aun un poco mareada.

-Pero estas fatal- dice con un tono de disgusto.

-De verdad no puedo.-digo tajante, no puedo volver a la ciudad me encontrará.

-No esta muy lejos, tranquila.-dice un poco más alante que yo. ¿Va a acompañarme?

-¡No!-grito desesperada, no puedo volver, no quiero.

-Oye... no sé porqué pero quiero ayudarte, así que por favor, vamos. Tengo el coche cerca.

-Tu no lo entiendes, no puedo volver.-digo, lágrimas se depositan en mis ojos pero consigo no derramar ninguna.

-Bueno.., está bien. No iremos pero debes curarte esas heridas.-dice apartando la vista rápido de mi rostro, estaré horrible.

-Sí, yo lo haré. Gracias - entonces empiezo a andar sin rumbo.

-¿A dónde vas? - dice a mis espaldas. Pero no me giro, no puedo meterlo en esto.

-A curarme las heridas.

-Ven aquí... es muy tarde. Podría pasarte algo.-dice en un tono que no consigo descifrar.

-No, de verdad gracias pero me voy.- digo girandome para encontrarlo más cerca de lo que me imaginaba. Él se separa muy rápido y sin razón alguna ese gesto me molesta.

-Si no quieres ir a un hospital, ven a mi casa, curate las heridas y desacansa algunas horas. Mañana puedes irte.-dice despreocupado.

Me extraña que aun no me haya preguntado por las heridas de mi cara. Mejor, así me ahorro mentirle. Me arde la cara, pero aún así rechazo su oferta tajantemente.

-Por favor, ven conmigo. No estás en un estado como para ir sola por ahí.-dice rápido.

-Tienes razón pero...-pienso en lo agotada que estoy y en el dolor de mi alma y mi cara, entonces digo- de acuerdo... vayamos.

Ya no puedo más estoy agotada. Solo quiero dormir, descansar, quiero que no me duela nada más. Quiero dejar de meter en problemas a gente.

Quiero vivir... no sobevivir.

STAYDonde viven las historias. Descúbrelo ahora