Narrador omnisciente
Giay limpiaba un poco su casa antes que venga Isael, lo invitó a pasar el rato, para ver como iba la cosa, si era correspondido o no, quiere ver si encaja con él, no quiere convivir con una pared que no le hable.
Esto de limpiar lo hacía cuando él venía a ayudarlo con tareas, ahora, hay un pequeño detalle, viene a pasar el rato, a merendar y quedarse a comer, si es que dan los horarios, Isael vive bajo control siempre, no era libre bajo el mando de Regina.
Tuvo que inventar la excusa de que haría trabajo grupal con sus amigos, como ellos tenían buenas notas y no causaban alboroto, tenía permitido ir con ellos, hasta cierto tiempo. Nunca se ha juntado con ellos, solo en el colegio, le pone mal usarlos de pretexto.
Hay días donde Regina puede ser muy controladora, más que nada cuando pasa muchos días sin beber alcohol, se vuelve completamente loca y paranoica, teme por la salud y seguridad de su hijo. Luego, cuando ese día llega, vuelve muy borracha o no vuelve a casa directamente.
Isael vive angustiado siempre, vive con el miedo que le hagan algo, no quiere que la policía vuelva a su casa.
Regina no es una buena madre, su propio hijo lo piensa, pero es su mamá, se preocupa. Ya no sabe que hacer para sacarla de ahí, sabe lo peligrosa que es con la más mínima interacción entre ellos, parece como si se irritara por su presencia.
Dejando angustia de lado...
Pasaron un par de minutos desde que Isael avisó que ya estaba yendo a la casa, haciendo acelerar a Agustín para terminar con los últimos retoques en la casa, listo para abrile la puerta.
Le llegó un mensaje a su celular, leyéndolo desde la notificación, siendo el veneciano, diciendo que estaba fuera, haciendo sonreír al ojiverde, sabiendo el porqué no tocó la puerta. Abrió esta, saludando con beso en el cachete.
— ¿Cómo estás, isa?. ¿Por qué no tocaste la puerta? — Pregunta Giay.
— Porque me daba vergüenza, capaz hay gente.
Sus sospechas eran ciertas, no tocó la puerta porque le daba vergüenza, todo le da vergüenza al pobre chico.
— Te dije que estoy solo — Habla, dejando pasar al chico —. Aparte, sabés que sos bienvenido siempre, dejá de hacerte el desconocido.
— Es respeto, no me hago el desconocido.
Giay rueda sus ojos y se sienta en el sillón, invitando a Isael que haga lo mismo, cansado de tener que decirle lo que tiene que hacer, parecía el dueño.
El mayor habló un poco de lo que tenía, aclarando de que si no le gustaba algo, puede cambiar o hacer otra cosa, no cocinó en su vida, pero quiere impresionar por si se da esa oportunidad. Fue contestado que todo tenía buena pinta, menos el mate.
— La primera vez que me diste mate, estaba muy amargo, no me gustó — Dijo Isael, escuchando reír al otro, sonriendo automáticamente al verlo.
— Compré una yerba más suave para vos, todo porque a vos no te gustó, mañoso — Giay aprieta un cachete de Isael entre dos dedos, poniéndolos rojos de inmediato.
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𝑇𝐸 𝑂𝐷𝐼𝑂 ☔︎ 𝐴𝐺𝑈𝑆𝑇𝐼𝑁 𝐺𝐼𝐴𝑌
Romance𝑇𝐸 𝑂𝐷𝐼𝑂 Esa era la frase más repetidas en las discusiones de Isael y Agustín.
