TREINTA Y SIETE

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17 de marzo del 2022

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17 de marzo del 2022

Cinco días después de que enterramos a Lucia la vida siguió.

Daniela tuvo que volver a la escuela.

Yo tengo que seguir trabajando.

Luis y Rose deben volver en diez días más.

El mundo sigue, y nosotros debemos seguir con este aunque Lu ya no esté con nosotros. Esta es la parte más difícil del duelo, seguir adelante cuando falta una parte de ti, de tu familia. Es como si te arrancaran una parte de tu corazón y te lanzaran a los leones mientras sangras, debes sobrevivir de algún modo.

— ¿Cómo van sus días? —pregunta Isis llegando a la mesa donde estamos almorzando Marie, Carlos y yo para sentarse a mi lado.

Desde el día del entierro de Lucia siento que está un poco distante, aun así se mantiene cerca de nosotros. Incluso no se ha quedado más en mi departamento, aunque dice que es para darnos nuestro espacio.

—Estoy en emergencias, y la verdad ha sido tranquilo —responde Marie.

Carlos la mira con horror apenas ella dice esas palabras y me causa gracia.

—No digas que un turno está tranquilo, por favor—le dice el hombre a su lado.

Isis sonríe.

—Te vas a ir tarde—le hablo mientras me llevo un bocado de pollo a la boca.

De una vez me percato que Isis solo está comiendo zanahorias crudas, otra vez. Le hago una seña a su taza y ella solo se encoje de hombros mientras mastica una.

—Juro que lo dije sin querer—Marie sonríe y mira a Carlos.

Ya es muy evidente que estos dos tiene algo, la química que desprenden es increíble. Sin contar que Carlos estuvo con Marie durante todo el funeral y entierro de Lu, para nadie ya es un secreto que tiene algo íntimo.

—A veces siento que se van a coger con la mirada—es Isis quien les dice lo que yo estoy pensando y suelto una carcajada.

—Porque ya hemos cogido—lo que dice Marie nos sorprende a todos y Carlos casi se atraganta con el agua que está tomando.

Isis y yo carcajeamos fuerte, mientras Carlos solo quiere salir corriendo y Marie sonríe con inocencia.

—Créeme, ya lo sabíamos—lo digo apenas puedo recuperarme de la risa.

—Además ustedes también pareciera que lo fueran hacer—se defiende Marie aun entre risas.

—Porque nosotros también ya lo hicimos—esta vez contesta la pelirroja.

Y mi sonrisa se borra de inmediato mientras que la de Marie y Carlos se intensifica.

—También lo sabíamos—Marie me señala con el dedo.

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