CUARENTA Y CUATRO

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20 agosto 2022

El servicio funerario de Isis fue hermoso. Ella pensó en todo, hasta mando hacer un ataúd personalizado como ella lo quería. Fue enterrada junto con su familia.

No recuerdo mucho de cómo han sido los últimos días la verdad. Es como cuando estas durmiendo, te despiertas de vez en cuando miras a tu alrededor y vuelves a dormir, así se siente todo esto.

Volví al trabajo hace cinco días porque sentía que me iba a volver loco en casa. Y solo me di unos días libres por Daniela, se puso tan mal que no quería despegarme de su lado.

Tanto Daniela como yo hemos vuelto a nuestras vidas, pero ya nada es igual. He considerado llevarla con un terapeuta, ya he conseguido a una, me falta solo preguntarle.

—Buenos días—me consigo a Luis en el pasillo rumbo a una consulta. Él extiende un vaso de café a mi dirección y lo recibo — ¿Me quieres pedir algo?

Ambos reímos.

—No vuelvo a intentar ser amable contigo. —me dice en broma.

Él no me pregunta como estoy y yo tampoco, es como si supiéramos que nos está llevando la mierda, pero ninguno de los dos quiere hablar del tema. Yo por los momentos me concentrare en mi hija que ha pasado un año de mierda.

—Esta riquísimo, justo como a mí me gusta. —sigo bromeando.

Ambos nos separamos y cada quien va a donde debemos.

Con quien no he hablado mucho es con Marie, está demasiado afectada y ella si tuvo que volver pronto al trabajo ya que como no era familiar directo no le dieron tantos días. Aunque tampoco me ha dejado verla mucho, por algún motivo me está evitando, solo intento darle su espacio.

No le he llevado los gatos de Isis, he decidido que por un tiempo se queden en mi departamento, total ya me están hasta pareciendo bonitos.

— ¡Marie¡ —llamo a mi amiga apenas la veo.

—Hola—se acerca a mí.

— ¿Cómo estás? —pregunto como si fuésemos unos simples colegas de trabajo.

—Bien, cansada, ya sabes, mucho trabajo.

Arrugo las cejas porque ella a mí no me habla así.

—Está bien, ¿Qué está pasando? —la tomo por la muñeca y la arrastro hasta una sala de descanso.

— ¿Qué está pasando de qué? —pregunta a la defensiva.

Desecho el vaso de café vacío en el bote de basura, suspiro y me acomodo los anteojos.

—Contigo, conmigo ¿Qué está pasando?

Observo el momento exacto que su mirada se transforma y tengo la sensación que quiere estrangularme hasta matarme.

CAFUNÉ ✓Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora