A las diez de la mañana estoy con Isis en su habitación personal, ella durmió hasta hace treinta minutos. Lo primero que hizo al despertar fue sonreírnos a Daniela y a mí y yo lo único que quería era llorar.
Rose y Luis ya salieron de su turno, han regresado a su casa a bañarse y cambiarse para regresar. Mientras que Marie anda comprando creo que café y un chocolate.
Isis está leyendo su expediente, no vale la pena no dejarla hacerlo.
—Bien—suspira cerrando la carpeta y devolviéndomela. — Tenemos cosas que arreglar, Diego—su voz es ronca, parece cansada.
Sé que me lo dice por Daniela y tiene razón.
—Dani, mi amor. ¿Podrías ir a ver dónde está tu tía, por favor? — ella capta por completo la indirecta, pero no reclama.
—Ya regreso—se levanta de la silla, le da un beso a Isis en la mejilla y se marcha.
Me acerco a la cama, me siento en la silla donde ha estado mi hija y le tomo la mano. La tiene fría y eso hace que me dé un escalofrió indescriptible.
—Mis gatos se los das a Marie, ella sabe que a ti no te gustan. La empresa de mi padre donde yo soy accionista le he vendido la dirección a quien fue socio de mi padre, solo he quedado con unas pocas acciones que quedaran a tu nombre apenas salga mi acta. Las dos casas tanto las de mis padres como la de mis abuelos ya están a la venta, mi abogado se encargara de eso, todo ese dinero se va a una cuenta de ahorro que está a tu nombre—arrugo las cejas sin entender.
A pesar de que su voz es débil, sigue siendo firme, ella está literalmente agonizando y tiene su cabeza clara.
— ¿Por qué a mi nombre?
—Porque eres mi esposo, y tengo demasiado dinero.
—Pero...
— ¿A quién se lo voy a dejar? ¿A mis gatos? —Isis se ríe de su chiste, pero a mí no me causa gracia.
No puedo ni siquiera imaginarme que cantidad de dinero es esa. No puedo aceptarla.
—Isis, amor, lo siento, pero no puedo aceptar eso.
—Los gastos hospitalarios y funerarios ya están pagos —sigue hablando ignorando por completo mi reclamo. — Me estoy muriendo sin dejar ni una sola deuda, los de la funeraria saben exactamente que hacer al igual que mi abogado, está registrado en mi celular como Enrique, llámalo, él sabrá que hacer.
Ella sigue dándome instrucciones de lo que quiere que haga con sus propiedades y yo solo puedo pensar que la estoy perdiendo. Esto está pasando, cuando tome la decisión de traerla conmigo a Caracas sabía que esto pasaría, tenía claro que me quedaban semanas o meses, pero que esté pasando ya es diferente.
Es un dolor que nunca había experimentado antes.
—Eso es todo—supongo que ha dejado de darme instrucciones —Y Diego—esta vez su voz es raposa —
Perdón—se quiebra —perdón por hacerlos pasar por todo esto, se supone que nada debería de haber sido así.
Empieza a llorar, pero no a sollozar, solo lo hace en silencio.
—Te amo, Isis. — Le hablo en voz baja— No me arrepiento de nada. Aunque nuestro tiempo fue breve ha sido la mejor de mi vida.
Dejo la silla a un lado y nos acomodamos en su camilla, ella recuesta su cabeza en mi pecho y yo el abrazo dándole el calor que necesita y le empiezo acariciar el cabello con cariño.
— ¿Sabías que se llama cafuné?
— ¿Qué, amor? —quiero que este momento se congele y tenerla conmigo en mis brazos para siempre.
—Lo que siempre haces. Acariciar con suavidad el cabello de alguien que quieres, es un gesto de ternura y amor, si no me equivoco es una palabra del portugués, la usan mucho en Brasil.
Sonrío con lágrimas en los ojos porque esto es una maldita pesadilla para mí.
—Siempre lo haces—continua hablando—a veces ni siquiera te das cuenta cuando lo empiezas hacer, es parte de ti este acto. Les das tranquilidad a las personas que amas...
No tengo palabras para lo que me acaba de decir. Solo me acerco más a ella e intento que no se dé cuenta que hay lágrimas saliendo por mis ojos, me duele la garganta y la cabeza.
—Me lo diste todo, amor—se acurruca más —me diste una familia, una hija, un esposo, un hogar al que quisiera volver, me diste amor, cuidaste de mí. Me diste todo lo que siempre quise.
Su voz cada vez se pone más débil, miro el monitor donde se ven sus signos vitales y me percato que están alterados.
—No te duermas, falta que venga Marie a darte el chocolate que querías. —me alarmo y mi pulso se acelera, aun así no me alejo de ella.
—La verdad ya no lo quiero—su voz es cada vez más débil.
Los monitores empiezan hacer ruidos que conozco a la perfección y mis pulmones empiezan a rechazar el aire que intento respirar.
— ¿Quieres que los silencie? —le pregunto.
—Sí, por favor.
Me muevo un poco para silenciar todos los monitores y me vuelvo acurrucar a su lado. Ella me abraza y suspira.
—Te juro que esta es la mejor forma de morir. Hasta esto me diste, una muerte digna y tranquila... Te amo.
Esto último le sale sin aliento, y poco a poco siento como su agarre se afloja y ya no puedo seguir manteniendo la compostura. La abrazo mientras lloro y sollozo como un niño pequeño. La mantengo fuerte en mis brazos porque no estoy listo, continuo llorando quien sabe por cuánto tiempo más, hasta que mi corazón se detiene igual al de ella.
Siento que estoy muriendo.
Mis manos están dormidas, y aun así la llevo a su cuello para verificar, no tiene pulso, reviso su muñeca, nada. Me volteo para verificar los aparatos y todas las líneas están rectas, no hay signos vitales y me da nauseas. Miro el reloj de la pared, son las 11:32 de la mañana.
Memorizo la hora, porque no quiero olvidarla nunca.
Continuo abrazándola, justo en ese momento entran Marie, Dani y Carlos. El hombre mencionado tiene el uniforme puesto.
Marie se da cuenta de los monitores y se le cae el café que tiene en las manos. Dani se acerca a donde estamos nosotros y empieza a llorar descontroladamente mientras le sujeta a Isis una de sus ya frías manos.
No me muevo, no quiero hacerlo. Llega la doctora Vega y la doctora de cabecera de Isis a la habitación. Ambas verifican el monitor.
—Hora de la muerte, 11:32—la declaro yo.
Vega me mira como si yo fuese un cachorrito a quien atropellaron y dejaron tirado en medio de la calle y tal vez si soy.
Isis me ha dejado.
Dejo de escuchar y estar consciente de lo que pasa a mi alrededor y solo me concentro en todos los recuerdo bonitos que tengo con ella.
Recuerdo todas las veces que yo me quedaba parado mientras la veía irse, a veces enfadado y otras más enamorado que nunca, pero era ella quien siempre se alejaba de mí, igual que ahora. Se ha ido, me ha dejado con todo este amor en mis manos y la promesa de un futuro que nunca va a llegar.
Porque estaba caminando en un campo de guerra minado, y todo acaba de explotar a mí alrededor, todo se destruyó y ya no sé qué hacer con todos los pedazos de mi vida hecha pedazos.
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CAFUNÉ ✓
RomanceIsis y Diego luego de tantos malos ratos han llegado a la cima de su carrera. Sin embargo, al momento que Aranaga llega al Hospital central de Caracas como una de las mejores cirujanas generales y se entromete en la vida y carrera de Carrasquero sin...
