CUARENTA Y CINCO

117 6 2
                                        

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.


02 agosto 2026

Camino rápido por el departamento para que me dé tiempo de alimentar al gato, el cual está repleto de fotografías, he colocado un mueble de puros recuerdos, hay fotos desde que nació Dani, mi graduación de la universidad, mi hija pequeña, y varias donde aparecen Isis y Lucia, incluso una foto que nos tomamos en el cumpleaños de Marie en 2022.

Pero la que está en el centro del mueble es una foto que nos tomó Nat, estamos Daniela, Isis y yo sentados en el mueble de la sala viendo televisión, mi hija esta recostada en mi regazo mientras yo le acaricio el cabello e Isis está a mi otro lado haciendo lo mismo.

Le dejo a la gata su taza con alimento y en la otra le hecho agua.

Uno de los dos gatos que adopte (o que me robe, porque se supone que se los tenía que quedar Marie) se quedó conmigo mientras el otro se fue con mi amiga. Me fue imposible dejarlo ir, además llegó un punto que me agradaba, además en realidad Daniela lo cuida más que yo.

— ¿Qué haces así? Vas tarde —dice mi hija cuando me consigue en la cocina dándole de comer al gato.

Ella está de vacaciones, este septiembre empieza la universidad en audiovisual y se ha estado levantando temprano a unas clases que se ha apuntado de marketing.

—Quería dejarle comida a Dorothea.

—Si sabes que yo estoy aquí.

—Como sea, me voy, nos vemos en la tarde. —Me acerco a ella y le doy un beso en la frente que ella recibe con gusto—Te amo.

—Adiós, pa. Te amo.

Salgo del departamento con rapidez. Gracias al cielo Dani no fue una adolescente rebelde, siempre mantuvo su esencia, si ha cambiado muchas cosas, como por ejemplo su gusto por la música, se decidió por artes audiovisuales. Asistió a terapia y a pesar de todo lo que ha pasado sigue viéndole el lado positivo a todo en la vida, eso me encanta.

Hubo un tiempo en el cual de verdad estaba muy preocupado por ella. Pero ha sido más fuerte.

Conduzco al hospital dentro del límite de velocidad y apenas llego me consigo a Marie en el estacionamiento.

—Llegas tarde—me dice.

—Tú igual—contento en broma.

—Yo tenía que llevar a mi bebé a la guardería ¿Cuál es tu excusa?

—Tenía que darle comida a Dorothea.

Ella carcajea y me empuja en sinónimo de juego.

—Eso no es excusa.

—Sí, si como sea—es lo último que digo antes de separarme de ella porque debo hacer muchas cosas y para lo mucho que me da tiempo es para colocarme la bata blanca.

CAFUNÉ ✓Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora