Alcyone

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Disclaimer: Los personajes de Hazbin Refugio no me pertenecen a su creadora VivziePop, A24, Bento Box Entertainment y Amazon. Este fanfic lo hice solo y únicamente como diversión.

Personajes: Lucifer/Alastor

Aclaraciones y advertencia: esclavitud, violación, mención de violación infantil, tortura, muerte infantil, violencia típica del canon, modificación corporal por magia, los ángeles no son buenos, lactancia masculina, paloma muerta, Lucifer oscuro, Alastor bottom, y lo que se me ocurra.

Resumen:

Con el infierno ganando poder y Lucifer haciéndose cada vez más fuerte, Sera acepta un trato para evitar la ruina del cielo. Los humanos serian esclavizados en vida y muerte.

Los ángeles y demonios, una vez enemigos jurados, ahora gobiernan sobre los mortales. Alastor, separado desde muy joven de su madre, es regalado a Lucifer por un ángel que ha caído meses atrás para ganarse su simpatía.

¿Qué destino le depara a Alastor ahora que le pertenece al mismo rey del infierno?

—f

OoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoO

El infierno es eterno

Capítulo 26.- Alcyone

El palacio frío era vasto, pero la falta de sirvientes lo volvía aún más desolado. Con solo las manos de Ángel y Cherry para mantenerlo en pie, habían habilitado una sala lateral como comedor y centro de reuniones. Los muros altos y los techos abovedados seguían exhalando una humedad gélida que las chimeneas apenas lograban combatir, pero el aroma a hierbas asadas y mantequilla dorada comenzaba a ganarle terreno al frío.

Husk observaba desde su sillón, con una taza de café negro a medio terminar entre los dedos. Ángel disponía los platos con una precisión casi teatral, alineando cubiertos y servilletas con esa elegancia despreocupada que los años —y las lecciones de etiqueta que le impusieron durante su cautiverio— le habían enseñado a conservar, aún después de ser convertido en pecador y posteriormente regresar a ser humano.

En la cocina improvisada, Cherry removía la olla por última vez. El vapor empañaba el aire mientras tarareaba una melodía que, por un instante, sonaba casi a esperanza.

Niffty corría en círculos alrededor del sofá principal, donde Pentious se había acurrucado como si de una serpiente se tratara. Lo rodeaban sus peluches de huevitos, una colección que no había dejado de crecer desde que pisaron el palacio. La joven humana reía entre saltos, recogiendo migas inexistentes y murmurando órdenes que nadie obedecía, pero que todos toleraban con paciencia.

Vaggie permanecía de pie junto al sofá, con la espalda recta y la mirada fija en Cherry mientras servía el primer plato. El olor a pan recién horneado y especias le trajo, por un instante, el recuerdo de otra época. Otro refugio. El que Charlie había fundado cuando aún llevaba título. Asintió para sí en silencio: desde que Ángel y Cherry llegaron a aquel palacio helado, las comidas habían recuperado la calidez y la calidad de los tiempos en el hotel Hazbin. No era solo sustento. Era un ancla. Vaggie, un ángel sin alas al que Charlie había comprado para liberar de las jaulas, aún cargaba las cicatrices de la pérdida en la espalda. Pero en aquel refugio humano —construido para demostrar que su especie podía ser algo más que esclavos—, había encontrado lo que el cielo nunca le ofreció: un lugar donde ser persona, no trofeo.

Pentious abrió un ojo, la observó y, sin decir nada, le hizo hueco en el sofá con un leve movimiento. Vaggie negó con la cabeza, pero sus hombros, por primera vez en semanas, cedieron un centímetro.

La sala no tenía lustre ni protocolo. Pero mientras el vapor ascendía de los platos y las risas bajas se fundían con el crepitar de la leña, el palacio frío, por un instante, dejó de sentirse como una jaula.

El infierno es eternoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora