Boda III

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Disclaimer: Los personajes de Hazbin Refugio no me pertenecen a su creadora VivziePop, A24, Bento Box Entertainment y Amazon. Este fanfic lo hice solo y únicamente como diversión.

Personajes: Lucifer/Alastor

Aclaraciones y advertencia: esclavitud, violación, mención de violación infantil, tortura, muerte infantil, violencia típica del canon, modificación corporal por magia, los ángeles no son buenos, lactancia masculina, paloma muerta, Lucifer oscuro, Alastor bottom, y lo que se me ocurra.

Resumen:

Con el infierno ganando poder y Lucifer haciéndose cada vez más fuerte, Sera acepta un trato para evitar la ruina del cielo. Los humanos serian esclavizados en vida y muerte.

Los ángeles y demonios, una vez enemigos jurados, ahora gobiernan sobre los mortales. Alastor, separado desde muy joven de su madre, es regalado a Lucifer por un ángel que ha caído meses atrás para ganarse su simpatía.

¿Qué destino le depara a Alastor ahora que le pertenece al mismo rey del infierno?

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El infierno es eterno

Capítulo 25.- Boda parte III

Los informes que Moxxie había tardado días en organizar yacían sobre la mesa. Sellados con el emblema de Elysium, perfectamente clasificados, exhalaban ese olor a polvo y tinta vieja que solo adquieren los papeles guardados demasiado tiempo en el olvido. Alastra no pudo evitar una leve inclinación de cabeza ante la eficiencia del pequeño imp. Lucifer no se había equivocado al asignárselo.

Tanto Moxxie como su esposa, Millie, habían sido relegados por Charlie a tareas domésticas. Un desperdicio imperdonable.

Moxxie resultó ser un contador excepcional; Millie, en menos de una semana, había transformado a los caballeros de Elysium de una guardia decorativa en una unidad funcional. La princesa destituida, en cambio, solo había dejado un rastro de desastres. Y la prueba más contundente reposaba en aquellos folios.

Página tras página, el desastre se hacía más evidente. Rutas comerciales cedidas por una fracción de su valor real. Derechos mineros exclusivos entregados a casas Goetia sin aranceles recíprocos. Cadenas de suministro atadas a contratos que obligaban a Elysium a pagar tarifas infladas por mercancías que su propio suelo podía producir. La firma de Charlie aparecía en cada cláusula: pulcra, confiada, ingenua. No era sabotaje. Era algo peor: incompetencia disfrazada de buena voluntad.

Alastra cerró el último folio. Sus dedos rozaron el borde del pergamino. Una noble menor habría llorado. Un tonto habría corrido a exigir audiencia con el rey. Ella no hizo ninguna de las dos cosas. Se recostó en el sillón, clavó la mirada en el techo pintado con sigilos de protección y comenzó a calcular. Elysium no era un regalo. Era un crisol. Y ella lo templaría hasta volverlo afilado.

Renegociaría. No con amenazas, sino con apalancamiento. Sabía qué mercaderes estaban sobre extendidos, qué casas Goetia dependían de la seda de Elysium para mantener el prestigio de sus cortes, y qué rutas podían redirigirse en silencio mediante alianzas cuidadosamente seleccionadas. Jugaría a largo plazo. Cada cláusula reescrita, cada tarifa ajustada, cada deuda cobrada. Le tomaría años. Pero tenía tiempo. Y tenía astucia.

Un sirviente entró sin hacer ruido. Se inclinó y le tendió un sobre lacrado con el sello ducal. La cera ya estaba quebrada. El mensaje era escueto: Madre confinada. Por tiempo indefinido. Por orden de papá.

Alastra lo leyó dos veces. Su expresión no se alteró. Plegó la carta y la dejó junto a los libros de contabilidad, alineando ambos documentos sobre la mesa de ébano. Uno, una ruina financiera nacida de la inexperiencia. El otro, un colapso político gestado por el orgullo. Dos fracasos distintos. Ambos, de algún modo, le pertenecían ahora.

El infierno es eternoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora