Boda parte II

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Disclaimer: Los personajes de Hazbin Refugio no me pertenecen a su creadora VivziePop, A24, Bento Box Entertainment y Amazon. Este fanfic lo hice solo y únicamente como diversión.

Personajes: Lucifer/Alastor

Aclaraciones y advertencia: esclavitud, violación, mención de violación infantil, tortura, muerte infantil, violencia típica del canon, modificación corporal por magia, los ángeles no son buenos, lactancia masculina, paloma muerta, Lucifer oscuro, Alastor bottom, y lo que se me ocurra.

Resumen:

Con el infierno ganando poder y Lucifer haciéndose cada vez más fuerte, Sera acepta un trato para evitar la ruina del cielo. Los humanos serian esclavizados en vida y muerte.

Los ángeles y demonios, una vez enemigos jurados, ahora gobiernan sobre los mortales. Alastor, separado desde muy joven de su madre, es regalado a Lucifer por un ángel que ha caído meses atrás para ganarse su simpatía.

¿Qué destino le depara a Alastor ahora que le pertenece al mismo rey del infierno?

—f

OoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoO

El infierno es eterno

Capítulo 24.- Boda parte II

Las puertas del salón del trono se cerraron tras ellos, aislando el eco de los pasos de Lucifer. Nadie habló de inmediato. El pasillo de obsidiana se extendía largo y frío, iluminado por lámparas fluorescentes que apenas lograban disipar la sombra. Fue Belphegor quien rompió el silencio con un bostezo que sonó más a suspiro.

—Bueno... ya era hora.

Se desplazaron hacia el club de Ozzie, directo a la zona reservada: un salón privado, alejado del bullicio y la música estridente, donde podían bajar la guardia por unas horas. Mammon se dejó caer en un diván de terciopelo carmesí y ya devoraba las botanas que un camarero acababa de dejar sobre la mesa de mármol. Satán apoyó la espalda contra la pared, los brazos cruzados; una fina columna de humo escapó entre sus fauces.

Fue Beelzebú quien no pudo contenerse. Sus alas se agitaron con un zumbido suave, casi eléctrico.

—¡Un bebé! —exclamó, y su voz, normalmente ronca y burlona, se tiñó de un calor inusual—. ¿Se dan cuenta de lo que esto significa? Un nuevo príncipe... o princesa. ¡Eso sí es una sorpresa! Esos dos han estado girando en círculos por demasiado tiempo.

Asmodeo, que hasta entonces se ajustaba los puños de su chaqueta con elegancia distraída, sonrió. No era la sonrisa calculada del Pecado de la Lujuria, sino algo más genuino, casi infantil.

—Espero que herede las orejas de Alastor —dijo, llevándose una mano al mentón con aire soñador—. Esas puntas esponjosas... si el pequeño las tiene, voy a encargarle un set de peines de plata y terciopelo antes de que cumpla su primer mes. La corte se volverá loca.

Azrael, que permanecía de pie junto al ventanal, con las alas negras recogidas como un manto de duelo, giró la cabeza lentamente. Sus ojos, vacíos de todo calor, pero llenos de una precisión implacable, se posaron en Asmodeo.

—Espero, ante todo, que no sea como Charlotte y sepa comportarse acorde a su rango —dijo, y su voz fue un susurro gélido que cortó la ligereza del momento como un bisturí.

Los Pecados enmudecieron. Un silencio breve, cargado de una culpa tácita, cayó sobre el grupo. Sabían que no tenían derecho a juzgar a la antigua princesa. Los Pecados y los Jinetes no procrean como los mortales o la realeza; sus esencias se manifiestan ya adultas, y solo a través de ellos la población del Infierno ha seguido creciendo. Por eso, la idea de un verdadero heredero real, nacido de un vientre y una unión, los dejaba en un equilibrio incómodo entre la fascinación y la torpeza.

El infierno es eternoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora