Capítulo 17.- Ovum incipit rimas agere

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Disclaimer: Los personajes de Hazbin Refugio no me pertenecen a su creadora VivziePop, A24, Bento Box Entertainment y Amazon. Este fanfic lo hice solo y únicamente como diversión.

Personajes: Lucifer/Alastor

Aclaraciones y advertencia: esclavitud, violación, mención de violación infantil, tortura, muerte infantil, violencia típica del canon, modificación corporal por magia, los ángeles no son buenos, lactancia masculina, paloma muerta, Lucifer oscuro, Alastor bottom, y lo que se me ocurra.

Resumen: Con el infierno ganando poder y Lucifer haciéndose cada vez más fuerte, Sera acepta un trato para evitar la ruina del cielo. Los humanos serian esclavizados en vida y muerte.

Los ángeles y demonios, una vez enemigos jurados, ahora gobiernan sobre los mortales. Alastor, separado desde muy joven de su madre, es regalado a Lucifer por un ángel que ha caído meses atrás para ganarse su simpatía.

¿Qué destino le depara a Alastor ahora que le pertenece al mismo rey del infierno?

—f

OoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoO

El infierno es eterno

Capítulo 17.- Ovum incipit rimas agere

El eco de la puerta al cerrarse resonó más allá de lo razonable. Lucifer permaneció inmóvil, clavando la mirada en el espacio vacío que Alastor había ocupado apenas segundos antes. En la pared de mármol aún quedaba la huella de su mano: una mancha oscura, como si las cenizas se negaran a enfriarse del todo.

No supo cuánto tiempo estuvo allí, escuchando el único sonido que el universo le reservaba a él: ese zumbido sutil de la creación misma. Cada vibración era un recordatorio implacable—del silencio que siguió al grito, del error cometido en un instante de debilidad, del deseo que no supo contener.

—Idiota... —murmuró, sin saber si se lo decía al venado... o a sí mismo. Muy probablemente a él.

Se derrumbó en la silla más cercana. La madera emitió un crujido bajo su peso, como si también ella se avergonzara. Sus alas se plegaron con lentitud, escondiéndose en ellas, como si se trataran de su capullo. Un gesto que no había realizado desde que era un ángel abusado. Roto por la ambición de la primera humana.

¿Qué he hecho?, se preguntó.

En ese mundo que había moldeado con sus propias manos —un mundo hecho a medida para mantener a Alastor a su lado—, se había jurado no volver a caer. El Rey del Infierno no se dejaba llevar. No mostraba grietas. Y, sin embargo, en un solo segundo, todo se había quebrado.

Todavía lo sentía: el sabor metálico del beso, la furia y la fragilidad entrelazadas en un aliento compartido. Y lo peor... era que no se arrepentía. Eso era lo que más miedo le daba.

Porque sabía que cada vez que se permitía desear, terminaba destruyendo... o siendo destruido.

—No debía... —susurró, enterrando los dedos en su cabello.

Recordó la mirada de Alastor al irse: una tormenta de confusión y rabia, con algo más debajo... algo que jamás había visto en esos ojos antes.

Fue la primera vez que Alastor sonrió sin sonreír.

La primera vez que Lucifer vio miedo en él.

No en esta nueva realidad.

No le gusta. No quería repetir sus mismos errores.

Lo rompí, pensó. Otra vez.

Y desde lo más profundo, una voz más cruda, más sincera, respondió:

El infierno es eternoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora