Dentro del cuarto, la figura bajo la manta pesada se paralizó por completo.
Lyra se destapó la cabeza despacio. Tenía el rostro pálido, las ojeras marcadas y el cabello castaño despeinado. Sus ojos almendrados buscaron a Sadie en la puerta. Por un segundo, la chispa de la posesividad antigua cruzó su mirada; intentó incorporarse para acercarse a ella como solía hacerlo en Nueva York.
Sin embargo, Sadie no avanzó hacia la cama. Mantuvo los dos metros de distancia que Tom le había exigido, apoyando la espalda de manera neutral contra el marco de la puerta.
-Sadie... -murmuró Lyra con la voz rasgada por la falta de agua-. Viniste. Eres mía... volviste por mí.
A Sadie se le partió el alma en mil pedazos, pero se obligó a sostener la mirada con serenidad profesional, conteniendo las ganas de correr a abrazarla.
-No, Lyra -dijo Sadie con voz suave pero infinitamente firme-. No vine porque sea tuya, ni tú eres mía. Vine porque tu hermano y tu madre están preocupados porque no has comido, y tú sabes perfectamente que el patrón del cuerpo necesita alimento a las horas correctas.
Lyra la miró con confusión, parpadeando despacio mientras procesaba la distancia física y las palabras de la actriz.
-Tú no me hablas así -dijo la menor, arrugando el entrecejo y apretando los puños sobre la sábana-. Tú me dices que me quieres. Tú me dices que Nueva York es nuestro refugio.
-Nueva York ya no es nuestro refugio, Lyra. Esas reglas se terminaron -respondió Sadie, sintiendo que cada palabra era un puñal que se clava en su propio pecho-. Yo ya no soy tu novia. Somos dos personas que se quisieron mucho, pero que se hicieron daño porque no supimos poner límites. Ahora estoy aquí como tu amiga, para ayudarte a ordenar la mesa y para que aceptes ir a tus terapias con los médicos en el centro sensorial.
-¡No quiero amigos! ¡No quiero terapeutas! ¡Te quiero a ti en el departamento! -chilló Lyra, sintiendo la primera ola de frustración escalar por su cuello.
-Si no comes el plato de sopa que preparó tu madre y no te pones la sudadera para ir a la cita médica de mañana, me voy a ir en este mismo instante -sentenció Sadie, manteniendo la voz neutra y sin ceder un milímetro, aplicando por primera vez la firmeza que debió tener meses atrás-. Tú decides si cierras el patrón de la comida hoy o si me voy de regreso a Manhattan.
Lyra se quedó congelada en medio de la habitación. La falta de complacencia, la distancia física y la ruptura definitiva del rol de pareja la obligaron a enfrentarse, por primera vez en su vida, a un 'no' absoluto emitido por la única persona a la que su mente siempre había escuchado.
Sadie Sink
Verla llorar sin poder extender la mano para limpiar sus lágrimas fue el castigo más pesado de la tarde. En Nueva York, una sola gota en las pestañas de Lyra habría sido suficiente para que yo abandonara cualquier postura, cualquier regla, y la envolviera en un abrazo hasta que el mundo dejara de dolerle. Pero allí, bajo la mirada vigilante de Tom desde el pasillo, me obligué a permanecer como una estatua de sal.
Mi voz no había sido mala, pero para la mente de Lyra -costumbrada a un tono constante de adulación y paciencia infinita-, un 'no' neutro y definitivo era el equivalente a un golpe. Le dolía que el lenguaje entre nosotras hubiera cambiado, y a mí me carcomía por dentro saber que la culpa de su fragilidad era completamente mía.
(...)
Las palabras de Sadie quedaron flotando en el aire del dormitorio, frías y ajenas. Lyra la miró fijamente, con las pupilas dilatadas por la conmoción, tratando de encajar la imagen de la actriz firme en la puerta con el recuerdo de la persona que solía ceder ante cualquier capricho.
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One short
Fanfictionson historias que se me vienen y son cortas, aprte de sus pedidos
