—¿Y cómo las consiiiigo o qué?
Jorge frunce el ceño y asoma la cabeza desde la cocina, viendo a Pedro parlotear con aquél teléfono sin cable.
—¿Tengo que ir por ellas? ¿Ustedes llevan la cuenta? ¡No me vaya a salir con que no las quiero, eh! ¡Yo le dí que sí a todo! ¡Nomás dígame dónde y a qué hora y le caigo, eh! ¿Ho—? ¿Alo? ¿Bueno? ¡¿Bueno?! ¡Ah, que la! ¡Pelado maleducado!
Pedro planta el pulgar sobre aquel botón que emite un sonidito agudo y regresa a la cocina, trompudo.
—¿Con quién hablabas?
—¡Con esos del In Ternet!
—¿Eh? —Jorge hace una mueca, sin dejar de cortar los jitomates y sin prestar, francamente, mucha atención a las ocurrencias de su novio.
—¡Los del In Ternet, Jorge! ¡Esos pelaos! ¡Si así tratan a la gente ahorita, meh! ¡Yo mejor me quedo muerto!
Jorge chista la lengua y le envía una mirada seria:
—No digas tonterías. ¿Qué problema tuviste ahora con esa máquina?
—¡Pos las galletas! ¡Yo no sé pa qué andan ofreciendo cosas de a gratis si luego se rajan!
—¿Cuáles galletas, hombre?
Pedro lo mira por un largo instante, poniendo los ojos en blanco con expresión sabionda:
—Ay, Jorgito. Las galletas. ¡Las galletas que te regalan! ¡Cada que le das cleik a una de esas páginas del In Ternet, te regalan galletas! ¿No sabías? ¡Y ahorita ya llevo como...! —Pedro saca la lengua y se pone a contar con los dedos de la mano, cuando se le acaban esos cinco, hace malabares para sujetar el teléfono inalámbrico entre su hombro y su cachete, y sigue con la otra mano— doce... ¡quince! ¡Ya llevo quince veces! ¡No me digas que nunca has «aceptado las galletas» de los sitios, Jorge! ¡Son gratis!
—Aaaah... —Jorge hace una mueca, sin comprender— pos a lo mejor te las mandan con el siguiente recibo...
—¡Pues ya no las quiero!
* * *
Ya saben, amiguetes 😃 Denle cleik a los sitios del In Ternet para conseguir sus 🍪🍪🍪
