Capitulo 49

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Maratón 1/5

- Te dije que de alguna forma u otra, no saldrías ilesa de esto -alcancé a escuchar, traté de parpadear para aclarar mi vista nublada pero no podía.

Mi cabeza dolió y traté de parar el dolor con mis manos, pero no podía. Estaba atada. Cerré los ojos fuertemente y cuando los abrí, pude notar en dónde estaba.

- ¿Qué? -dije asustada. En un rápido movimiento, inspeccioné la habitación en la que estaba, era un camarote pequeño y sin luz, yo estaba atada de manos y pies sobre la cama con todo mi cuerpo desnudo - ¿Dónde? -pregunté aún asustada.
- Sh... tú no te vas a ir de aquí hasta que seas mía -dijo alguien frente a mí, mi cabeza dolía tanto que no podía distinguir la voz.
- ¡Auxilio! -comencé a gritar desesperadamente, mi cuerpo se movía en espasmos incontrolables, las lágrimas corrían como riachuelos por mis mejillas.
- No te escucharán -dijo y una música extraña azotó la habitación, estaba demasiado alto, casi juraría que no escuchaba ni mis propios sentimientos, reconocí la canción era Bittersweet de apocalyptica.
- ¡Auxilio! -grité aún más fuerte. Gritaba llorando y asustada a más no poder, la cuerda que me amordazaba la boca casi no me dejaba respirar.
- No escaparás -se escuchó cerca de mi oído. Me moví lejos de donde provenía la voz y traté con desesperación desatarme. La voz de Amy de Evanescence apoderaba ahora la habitación.

Estaba agitada y asustada, cansada de tanto luchar contra esas cuerdas. Sentí que alguien acariciaba con un solo dedo mi tobillo, hasta llegar a mis muslos desnudos.

- ¡No! -gritaba y me movía con desesperación.

Ese delicado dedo se tornó en una mano fría y firme tocando todo a su paso, lastimando cada una de mis terminaciones nerviosas. Alguien jalaba mi cabello, mientras otra persona se encargaba de tocar todo mi cuerpo desnudo. Me sentía tan indefensa y tonta allí, sin poder desatarme y sin poder sentir otra cosa que no fueran esas manos frías acariciando mi cuerpo desnudo, en partes indebidas.

- ¡Déjame ya, no me toques! -gritaba desesperada.

Sentí cómo ponían una mano en mi frente, giraban mi cara hacia el lado derecho, besaron mi cuello y luego se acercaron a mi boca mordiendo mi labio inferior.

- ¡No, asqueroso pedazo de idiota! -gritaba yo moviendo mi cara a todos los lados posibles. Seguían presionando mi cara hacia un lado, casi sentía cómo mordían mi oreja y estiraban mi cabello.

Luego de estar luchando contra eso, la música se apagó y todo se quedó en silencio.

- Haré esto cada noche por el resto del viaje -me dijo la voz misteriosa y distorsionada -. Me llego a enterar que le dijiste a alguien y morirás.
- ¡Prefiero morir que dejar que me hagas esto! -le grité.
- ¡No me importa si mueres tú o no, pero te importará si matamos a tu novio o alguno de tus amigos! -me gritó la voz de una mujer.

Yo me quedé callada, estaba agotada, me dolía todo mi cuerpo y sentía que mis partes femeninas estaban desgarradas por la forma en que me tocaron. Tan sucia y descaradamente.

- ¡Déjenme ya! -supliqué, las lágrimas corrían más rápidamente y mi corazón palpitaba de una forma acelerada. Sentía que mi piel no daba para más, ardía como si me estuvieran prendiendo fuego.
- ¡Recuérdalo, cada noche por el resto del viaje! -gritó de nuevo esa voz.

Sentí que me quedaba dormida otra vez y no pude más, me rendía y cerré los ojos.

Al despertar traía la ropa del día anterior, la luz se asomaba por la ventanilla. Mis manos estaban rojas y mis muñecas estaban amoratadas. Me levanté y al sentarme sobre la cama sentí cómo mi cuerpo temblaba y mis piernas dolían. Me puse mis zapatos y a paso lento y tembloroso salí de la habitación.

Caminando me di cuenta de que estaba en el primer piso, subí al elevador y me encontré con el chico.

- Buenos días, ¿estás bien _____? -me preguntó el chico amablemente, yo ni siquiera lo miré.

Al llegar a mi piso, metí la llave de mi camarote en la cerradura y abrí la puerta. Adentro estaba James, Kendall y mi hermana.

- ¿Dónde estuviste? -Preguntó mi novio preocupado- Te estuvimos buscando toda la noche.

No lo miré y no saludé a nadie, me sentía lo suficientemente débil y sucia como para mantener esta conversación. Caminé a la habitación y ellos me siguieron, me quité los zapatos, tomé una toalla y entré al baño, emparejé la puerta y abrí la regadera. Yo aún tenía la ropa puesta cuando el agua me empapaba. Las lágrimas salían con la misma fluidez que las gotas del agua al recorrer mi cuerpo.

- Amor, ¿estás bien? -preguntó James desde la puerta.

No respondí, ¿qué le iba a decir? ¿La verdad? Claro que no. Tal vez me creería y... qué con eso, no podría borrar lo que hicieron y tampoco curaría las heridas que me causaron. Tampoco encontraría a quienes me hicieron esto, ni siquiera los vi.

- Amor... ¿Qué pasó? -giré mi cabeza para verlo y él estaba viéndome, ahora estaba más cerca de la regadera.

Me senté en el piso de la regadera y recargué mi cabeza en donde el agua aún me pudiera mojar.

- _____, ¿qué tienes? -preguntó ahora cerca de mí. Él cerró la llave y yo agaché la cabeza. Las lágrimas seguían sobre mis mejillas y mi cabello empapado no me permitía verlo. Él tocó mi mano y yo la aparté de él.

Me sentía tan poco digna de su tacto, me sentía sucia. Él no se merecía a alguien sucia y usada, él se merecía a alguien limpio, sin ninguna mancha en su cuerpo. No alguien como yo. Se acercó a mí y trató de abrazarme, yo me hice pequeña me estremecí ante su tacto. Él se alejó de mí y se me quedó mirando, yo observaba mi reflejo en el suelo del baño, tenía un aspecto terrible. El maquillaje corrido y la cara pálida, mis labios los tenía adoloridos, así como cada parte de mi cuerpo lo estaba.
-
¿Qué pasó, por qué no quieres hablar? -preguntó él a mi lado, pero sin tocarme. No respondí.
- _____... amor, me preocupas -dijo un tanto alarmado. Puso su mano mi hombro.
- No... -susurré- no me toques -pedí, a lo cual él inmediatamente alejó su mano de mí y entrecerró los ojos.
- ¿Por qué? -preguntó en un susurro también.
- Ya no más -susurré de nuevo.

Él se puso de pie y se sentó en la tina que estaba frente a mí, solo observándome. Yo me quedé allí empapada, sintiendo como el mundo se me venía abajo. No soportaba sentirme tan poco mujer, tan vacía y tan utilizada. Todo me dolía, pero no se comparaba con el dolor que sentía en mi corazón, me habían violado. Mi autoestima estaba por los suelos, ¿quién se interesaría en alguien como yo?

Cerré los ojos y dejé que mi mente se apagara, no quería ver a nadie, no quería hablar con nadie, admito que prefería estar muerta que estar así.

Messages (James Maslow) Donde viven las historias. Descúbrelo ahora