Querido Thomas: Capítulo Especial

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Personalmente, el anochecer era la mejor parte del día. Por el simple hecho que indicaba el final de horas y horas de rutina, y porque era un momento en donde tu cabeza se despejaba, lista para descansar en la comodidad de tu almohada. Sin embargo, a pesar de mi notable cansancio, mi madre aún tenía una misión más para mí antes de que acabara el día.

-Hija, ¿por qué no vas a llevarle esto a Rachel? -preguntó entregándome una bandeja con una gran cantidad de cupcakes, yo asentí-. Yo tengo que irme a trabajar y llegaré tarde.

-Bien, no te preocupes por mí -respondí sonriendo levemente. Luego fruncí el ceño y pregunté: -¿Por qué le das esto a Rachel? -Mi madre sonrió.

-Es porque tiene visitas, cariño, y ayer me trajo todos los ingredientes casi suplicándome que se los prepare, ya que los aman. -Mi entrecejo se frunció aún más.

-¿Visitas? Thomas no mencionó nada de eso. -Me pregunté internamente por qué no me lo había dicho, tal vez solo se le había pasado.

-Bueno sí, y tal vez no te lo dijo porque se le pasó -respondió dándole la razón a mis respuestas mentales. Segundos después ambas salimos juntas de la casa. Se acercó a mí y me besó la frente. La hubiera abrazado, pero mis manos sostenían la plateada bandeja. -Te amo, cuídate. -Le sonreí.

-Seguro, mamá, y yo también te amo.

Me quedé parada en el umbral de la puerta mirando cómo mi madre caminaba hacia su auto, se subía y partía a su trabajo. Suspiré algo cansada y dirigí mis pasos a la casa del vecino, mi novio, a entregarle los cupcakes a su madre, porque supuestamente tenían visitas. ¿Por qué Thomas no lo había comentado? Esa pregunta invadía mi cabeza. Toqué el timbre como pude y aguardé unos segundos.

Esperaba encontrarme a Rachel o a Thomas abriendo la puerta, pero en tanto ésta se abrió pude ver a un chico, tal vez un poco más grande que yo, claramente más alto, cabello castaño claro y unos brillantes ojos verdes. Me miró de arriba abajo un tanto confundido, pero al mismo tiempo pude distinguir una mirada de lo que parecía satisfacción, o algo así.

-Bueno... hola, preciosa -dijo rompiendo el silencio, causando que yo me ruboricé levemente-. ¿Qué hace una hermosura a estas horas por aquí? Porque no miento, eres jodidamente linda. ¿Cómo te llamas? -preguntó sin dejar de mirarme de arriba abajo con una sonrisa ladeada.

-Yo... -murmuré sonriendo levemente, pero al levantar la vista noté a Thomas detrás de aquel chico, con una expresión molesta y de desagrado-. Thomas -dije adelantándome un paso, pero él negó con la cabeza y subió las escaleras sin dedicarme ni una mirada.

-¿Conoces a Thomas? -preguntó él mirando hacia atrás y luego de nuevo a mí. Negó rápidamente con la cabeza y sonrió abiertamente-. Pero que idiota soy, por favor, pasa.

Se corrió un paso a la derecha, dejándome pasar adentro. Le di una mirada rápida a ese chico y comencé a caminar rápidamente hacia la cocina, haciendo que él me vea confundido y siguiera mis pasos. Yo solo quería dejar la estúpida bandeja e ir a hablar con Thomas. Cuando llegué a la cocina vi de espaldas a Rachel con otra mujer más, un poco mayor que ella, y a la pequeña Hayley sentada sobre la mesada.

-¡Hola! -exclamó la pequeña cuando me vio, yo sonreí y me acerqué al mismo tiempo que ambas mujeres volteaban a ver por qué Hayley había gritado. Rachel sonrió contenta.

-Hola, cielo -saludó mientras yo dejaba la bandeja al lado de la niña y le daba un beso y un abrazo pequeño. Rachel se acercó y me dio un fuerte abrazo, haciéndome sentir la calidez de su aprecio por mí. Al separarnos ella me señaló a la otra mujer que había allí-. Cariño, ella es mi hermana mayor, Gina. -Sonreí amable y estrechamos nuestras manos.

Querido Thomas.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora