Vigésima Tercera Carta.

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Querido Thomas:

Hoy por fin me miraste.

Te sonreí tímidamente.

Pero no hubo respuesta.

Ahí fue cuando me di cuenta.

No me mirabas a mí.

Mirabas a mi amiga.

Ella te sonrió coquetamente.

Solo la miraste un segundo más.

Y volteaste.

¿Qué fue todo eso?

No logro terminar de entender tus miradas, Thomas.

Querido Thomas.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora