A otra parte.

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Sentirle era la antítesis del vacío.

Sentir sus besos resonar entre los huesos era como recordad cada eco lo que significaba estar habitada y no sola en casa.

Sentirle era como tocar una nube pero sin el como, porque tocar una nube era un sueño de infancia y a él hace tiempo que le escribo en mi lista de sueños cumplidos.

Sentirle y sentirnos era como escuchar sabina y escribir después. Pero claro, a él le sobraban motivos para irse y a mi me faltaban algunos para quedarme.

Así que nos fuimos con nuestro desastre a otra parte.


La vida hecha tinta.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora