Sentirle era la antítesis del vacío.
Sentir sus besos resonar entre los huesos era como recordad cada eco lo que significaba estar habitada y no sola en casa.
Sentirle era como tocar una nube pero sin el como, porque tocar una nube era un sueño de infancia y a él hace tiempo que le escribo en mi lista de sueños cumplidos.
Sentirle y sentirnos era como escuchar sabina y escribir después. Pero claro, a él le sobraban motivos para irse y a mi me faltaban algunos para quedarme.
Así que nos fuimos con nuestro desastre a otra parte.
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La vida hecha tinta.
PoetrySólo unos cuantos poemas. De ellos, de ti, de mí. Viejos, desgastados. Poemas azules.