Capítulo 1 (día 1)

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El sol estaba saliendo. La ventana de Lucía estaba abierta y dejaba que el sol pasase, alumbrándole la cara para que se despertara. Todavía faltaba una hora y media para ir a la escuela, pero a ella le gustaba estar preparada y revisar que no se olvidaba nada.

A regañadientes, se levantó de su cama y bajó las escaleras para ir a desayunar. Su padre seguramente ya se había ido a trabajar, así que no se preocupó en preparar un doble desayuno; agarró unas galletas que había en el tarro y se las comió mientras volvía a su cuarto a ponerse el uniforme.

Se puso la falda escocesa azul, la camisa con el logo del colegio y el pulóver. Cuando se agachó a tomar los zapatos debajo de su cama, se dio cuenta que faltaba una semana para la Navidad y podía faltar al colegio, pero a ella le gustaba ir. La mayoría de sus amigos irían y no quería que se diviertan sin ella. Luego quizás iban a comer unas hamburguesas al bar y después cada uno iría a su casa a hacer los deberes para el otro día. A Lucía le gustaba su vida aunque, todos los días, cuando su papá volvía de la comisaría esperaba que llegase con noticias sobre algún nuevo caso o un misterio que había que resolver.

Se sentó en su escritorio y se puso a leer un libro para matar el tiempo. Trataba sobre una chica que contaba su vida en el campo; pertenecía a la biblioteca vieja, ya que sus hojas estaban amarillentas y la tapa estaba casi rota.

Su reloj sonó, avisándole que ya era la hora de salir e ir para el colegio. Recorrió las calles en subida y se encontró con el hijo de un amigo de su papá.

—Hola, Lu— la saludó—. ¿Todo bien?

—Sí— respondió mientras lo saludaba con un beso en la mejilla. Él no era uno de sus mejores amigos pero de vez en cuando se encontraban por el camino y charlaban.

— ¿Hiciste la tarea de matemática? — le preguntó al chico que se llamaba Iván.

—No, pero sí la de biología— Sonrió maliciosamente—. A nuestros padres les asignaron un nuevo caso.

Lucía sonrió, aunque quizás no debía porque alguien podría haber muerto, aunque se consoló viendo que Iván tenía la misma sonrisa en su rostro.

—Cuéntame— Puso su mano en el hombro del chico para que tome confianza—. ¿Un loco que mató a su familia? ¿Un gato robado?

El chico negó.

—Un ojo.


— ¿Un ojo? — preguntó Raquel. Ella era la mejor amiga de Lucía y esta le estaba contando su conversación con el chico.

—Sí. Un niño lo encontró entre sus adornos de navidad y le avisó a su madre, esta fue a llamar a la policía.

Rachel se estremeció y volvió a mirar al pizarrón para copiar los ejercicios que la profesora estaba poniendo. De pronto, se volteó hacia su amiga y la miró sonriente.

—Mira que rápido ha pasado, eh. Parece ayer que entramos a primer año de secundaria y ahora ya vamos a pasar a tercero.

Su amiga solo le devolvió la sonrisa y se giró para atrás, donde se encontraba Peter y Robert. Estos estaban jugando a las cartas; nadie hacía la tarea, ¡total, ya estaban por terminar!

En la otra esquina del salón se encontró a Iván, solo. Nunca lo veía socializar mucho y ella creía que él solo hablaba con ella... de vez en cuando. La profesora estaba sumergida en su mundo, escribiendo ejercicios de matemática que nadie entendía, seguro que si se paraba no se iba a dar cuenta. Fue hacia Iván y se sentó en la silla de al lado.

Crimen NavideñoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora