Sacaron el pequeño cuerpo de aquél agujero claustrofóbico, y a la luz del día (ya que eran las diez de la mañana) pudieron saber de quién se trataba: era el niño de los Aldes, Andy. Cardona se lo quedó mirando cuando lo subieron a la camilla, y la ambulancia se lo llevó. También observó cuando su compañero Morales le comunicaba lo que había sucedido y que no tenía posibilidades de seguir con ellos. Asimismo, Albino se preocupó por él y supuso que debía estar en una especie de shock, porque no hablaba; simplemente pestañaba, respiraba y caminaba.
La hija del oficial Álvaro Albino todavía no había aparecido y la búsqueda aún seguía en pie, pero sin el más mínimo resultado y ni ninguna pista se había encontrado. La desesperación crecía, pero trataba de tranquilizarse pensando que tal vez solo se había perdido por el bosque.
Cardona se había negado a ser llevado al hospital, había cosas más importantes que hacer en vez de ser el "enfermo" mientras que dos personas estaban al filo de la muerte... o ya muertas. La palabra muerte le daba cierto pánico, no quería que Lucía muriera y mucho menos que el pequeño, quien tenía toda una vida por delante, también se muriera dejando a sus padres tristes y sin ganas de seguir viviendo.
Este iba a seguir buscando por el bosque, mientras que el padre de Lucía iría al hospital de Alturas, donde ya se encontraba el hombre y el pequeño niño. Se subió a la patrulla y se fue al hospital, que no quedaba muy lejos.
Cuando llegó al edificio nombrado: "Hospital Alturas", fue a la recepción y preguntó por el hombre que había ingresado hacia menos de dos horas. Como era policía, lo dejaron pasar a pesar de que no era un familiar y de que el horario de visitas era más tarde. El hombre estaba conectado a unos cuantos tubos y se lo veía incómodo; miraba la televisión, pero igualmente estaba adormecido. Lo saludó y se sentó en el pequeño sofá que había a un lado de la camilla, el hombre giró la cabeza hacia él y lo miró medio confundido... con su solo ojo.
Todavía nadie sabía su nombre. Tampoco reconocían muy bien su cara, ya que debido a que le faltaba un ojo, una gran venda pasaba por su nuca y le tapa donde se tendría que encontrar su ojo derecho; la gasa ya se había teñido de rojo sangre.
—Hola— lo saludó—. Soy el oficial Albino, ¿puedes hablar y contarme lo que ha pasado?
El hombre abrió la boca para articular palabra, pero no lo logró. Solamente dijo palabras sueltas.
—Yo... hombre... do-dolor... m-mi ojo.
Álvaro tuvo la corazonada de que iba a ser imposible poder hablar con el hombre y entender lo que decía, pero no se dio por vencido. Tuvo ganas de irse de aquella sala, pero debía averiguar algo, por lo menos su nombre.
— ¿Cuál es tu nombre? — Preguntó luego de unos instantes— ¿Lo recuerdas aún?
El enfermo asintió y levantó el dedo para señalar una libreta que reposaba sobre la bandeja de la comida que estaba vacía. El policía se alargó para tomarla y se la extendió, también una lapicera. Lentamente, fue escribiendo un nombre y luego un apellido; su letra era temblorosa pero se lograba distinguir las letras que juntas formaban el nombre de Julio Castillo.
Álvaro suponía que podía ser él, pero tenía que confirmar sus sospechas, y ahí estaba la prueba de que no se equivocaba.
Cardona estaba nuevamente seguido por Morales, pero esta vez había cuatro policías más tras ellos, ya que se habían enterado de lo que había descubierto. A su vez, también iban dos médicos, por si encontraban otro cuerpo; pero eso era una simple excusa, ya que iban para vigilar a Guillermo. Ya no había más huellas, habían desaparecido todas, así que volvieron a donde estaba la trampilla y se separaron en dos grupos iguales. El grupo de Cardona, Morales, un doctor y un policía más se fueron hacia la derecha, y el otro grupo a la izquierda.
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Crimen Navideño
Mystery / ThrillerAlturas es un pueblo en la montaña en el cuál la diversión no existe. Falta una semana para las fiestas, los niños ya están dejando de ir a la escuela y empiezan a armar sus árboles de navidad, hasta que uno se encuentra un adorno inusual en la caja...
