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A veces tenía ganas de pegarle puñetazos a mi hermano mayor Jiho, porque lo único que hacía era soltar estupideces por la boquita con la que mi difunta madre le concibió.

"Boa, no puedes venir con nosotros, va a ser peligroso." Me repitió por tercera vez, poniendo la expresión típica de cuando estaba hasta la coronilla de escucharme.

"¡Pero Jiho! ¡No soy una niña pequeña! ¡Solo vais a tener una charla de pacotilla!"

"Una charla de pacotilla con los matones de la banda más peligrosa de la ciudad." recalcó, a lo que respondí con un bufido.

No es que me gustara discutir con Jiho, sólo que tenía que defender mi coraje. ¿Qué más da si soy una enana que nunca ha participado en el rollo de la mafia de Seoul? ¡Soy inteligente!

"¡Pero-"

"¡Que no! ¡Ahora suelta esas cosas y quédate aquí hasta que volvamos!" Me puso la mano en la frente y me empujó hacia atrás. Intenté luchar con todas mis fuerzas, que equivaldrían a las de un pajarito.

Me rendí y con la cabeza bien alta cogí el macuto que había preparado con ganas para aquella excursión y caminé en dirección a mi habitación, sin dejar de quejarme indignada por el camino.

No puede intentar protegerme durante toda la vida. Puede que sea el mayor, puede que todos los chicos me saquen tres cabezas y que mis cualidades físicas sean nulas, pero eso NO SIGNIFICABA nada.

Todo es injusto.

Injusto. Injusto. Injusto. Injus-

"¡AAAAH!" grité cuando un tío saltó frente a mí gritando. Era el maldito Pyo Jihoon, aka P.O, aka tengo-cinco-años-desde-que-cumplí-cinco-años. Su grave risa me hizo enfadar aún más y seguí mi camino hacia mi habitación, empujándole con el hombro por el camino.

Al llegar tiré el macuto en una esquina y cerré la puerta fuertemente a mis espaldas para luego derrumbarme sobre la cama.

Me sentía como una adolescente oprimida por la realidad que me imponían, porque al fin y al cabo era una adolescente sentimental, estaba en mis años. Tenía un mínimo derecho a sentirme así, tal como los demás tenían todo derecho a pensar que era estúpida.

Pero no me importaba, yo solo quería conocer el mundo. El oscuro, salvaje y peligroso mundo. 

Ja ja, bueno, si lo digo con esas palabras no suena alentador para nadie, ni siquiera para mí la verdad, pero digamos que había visto muchas pelis de acción durante toda mi vida y siempre observar a mi hermano y a su pandilla, que eran mis únicos amigos, realizar misiones que parecían estar sacadas de aquellas películas, me hacían soñar con que en cualquier momento yo también tendría la oportunidad de hacer algo con mi vida.

Cerré los ojos con la intención de quedarme sopa; tenía que hacerme la enfadada durante un tiempo, así que por mucho que me doliera, no pensaba despedirme de los chicos aquella vez. De todas formas, sé que no les pasaría nada, nunca les había pasado nada en todos aquellos años.

Al poco tiempo de quedarme dormida, desperté rápidamente porque me estaba haciendo pis. Y como me aguantara mojaría la cama y estaba en la misión de demostrar a Jiho que no era una niña chica, así que no era plan.

El camino hacia el baño se me hizo eterno, y el silencio sepulcral que había en aquel lugar no era demasiado acogedor, así que me intenté dar prisa.

Mientras estaba sentada en la taza y hacía pis se me ocurrió la mejor idea del mundo mundial.

¿Y si me escapaba por la ventana sin que los chicos supieran nada? Así podría hacer cosas, investigar por mi cuenta, estudiar el medio, ser libre por unos minutos.

Sería mi pequeño gran secreto. Nadie lo sabría, sólo yo y Mimo, mi peluche.

Que va, tampoco se lo contaría a Mimo.

Con una risita aguda terminé mis asuntos en el baño y corrí hacia mi cuarto, para ponerme mi chaqueta marrón. Aunque fuera verano y llevara pantalones cortos y tirantas, aquella prenda me daba un toque de aventurera digno del momento.

Abrí el cristal de mi ventana y aparté las oscuras cortinas para encontrarme con las vistas más penosas del país.
Era una calle sucia, con una pared pintarrajeada a cinco metros de la ventana. Así que sí, siempre estaba oscuro y daba miedo.

Pero como era de día, sólo hacía falta mirar al cielo para recordar que los monstruos estaban durmiendo.

Sabía que siempre había una llave guardada en el cajón de mi tocador que nunca había usado, que habría la verja de la ventana.

Así que hice uso de ella. Miré al suelo, para ver qué no había ni metro y medio de altura.

Perfecto.

Con cuidado y calculando, saqué las piernas y luego me solté, aterrizando casi de culo. Todo aquello parecía más fácil en las películas, incluso cuando lo hacían adolescentes con piernas escuálidas como las mías, pero no era real.
Sin parar de quejarme, conseguí ponerme de pie y mirar a mi al rededor.

Me sentí libre por primera vez. El aire olía a mierda debido a la alcantarilla que había a dos metros de mí, pero aún así olía a... libertad. Abrí los brazos y sonreí; podría conocer el mundo, hacer amigos, descubrir cosas increíbles y-

Mierda, estaban intentando robar en mi casa.

Vi un coche aparcado a veinte metros y unos hombres intentando entrar por una de las ventanas.

"¡Eh imbéciles! ¡Fuera de ahí!" Grité enfadada. ¿Cómo se atrevían a hacer eso? ¡Nadie robaba a Block B!

Me di cuenta de que la había cagado cuando todos los chicos giraron su cabeza en mi dirección y uno de ellos estiró el brazo para señalarme y dijo algo; y después empezaron a correr hacía mí. Maldiciendo en voz alta me di la vuelta rápidamente y me puse a correr con el corazón en la garganta.

Entonces me caí, como pasaba en las películas. Tropecé a las dos zancadas de empezar a correr con la verja de la alcantarilla de olor a mierda. Lo siguiente que recuerdo es comerme el suelo de boca y todo volviéndose de color negro.

 Lo siguiente que recuerdo es comerme el suelo de boca y todo volviéndose de color negro

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Dear diary (BTS)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora